En este curso 2025-2026 preservo el puesto de Editor de Cinema Ad Hoc, además de seguir colaborando en ella. En esta ocasión, escribo sobre uno de los debuts españoles más rebeldes de 2026: Viva, de Aina Clotet. Disfrutadla:
Canas al aire
Cada cual podrá dimensionar este hecho noticioso de la manera que desee, pero hace ya muchos años que el cine español no tenía una representación tan numerosa de manera habitual en los más importantes festivales de cine del mundo. Fue muy cacareada la presencia de tres títulos patrios en la Sección Oficial del pasado Festival de Cannes, pero también hubo otros trabajos en otras secciones. El que nos ocupa, incluso, se volvió a España con un galardón bajo el brazo. Programada en la Semana de la Crítica, la sección de óperas primas del festival galo, Aina Clotet se estrena tras las cámaras con Viva, la cual también protagoniza y le sirvió para obtener el premio Revelación por su labor dirigiendo. Una propuesta anclada por la presencia creativa de Clotet, que se entrega en cuerpo y alma a la que sea su interpretación de mayor lucimiento en su ya contrastada trayectoria como actriz. Propuesta marcadamente femenina y una orgánica integración de estilemas de cierto cine de autor reciente dentro de unas costumbristas coordenadas catalanas. El discurso queda trazado sin llegar a profundizar y preso de esa arbitrariedad que exhibe por bandera, pero su frescura es motivo suficiente para hacer de ella un visionado provechoso.
Un alegato vitalista sobre la reinvención y la experimentación hambrienta de nuevas sensaciones sin prejuicios ni cargo de conciencia. Una vez superada la enfermedad, el personaje de Clotet pisa el acelerador para exprimir la vida como si hubiera nacido otra vez, apostando por sí misma y descuidando preocupaciones y conveniencias con su vida anterior. Un proceso de aceptación de una misma posible gracias a nuevos horizontes de deseo y aceptación de los impulsos aun aceptando el riesgo de poder derruir puentes benignos que han determinado tu entorno a lo largo de los años. Clotet consigue que experimentemos esta odisea personal en lugar de relatarla, y las aristas y dudas del proceso son percibidas a la vez que la protagonista, sin distancia, juicio o prevención para el espectador.
El punto álgido del filme es su energía cinética y su personalidad indomable. Su naturaleza desestabilizadora, su rebeldía inocente. Su pulsión destructiva brotada desde la ausencia de maldad, tan solo desde la sinceridad con uno mismo. Una experiencia a flor de piel, sumamente física, que se sirve tanto del slapstick como del rebozado en barro, el sudor o fluidos no deseados varios impregnan los cuerpos en un contexto de calor húmedo y pequeño-burguesía catalana. El casting depara una serie de divertidos reencuentros, como el de un Xavi Daura de Venga Monjas con un papel tan pequeño como divertido o el de un siempre excelente Willy Toledo al que el filme desaprovecha.
Allende la poderosa interpretación central, la puesta en escena de Clotet, anegada de ecos del cine de Sean Baker o incluso de los hermanos Safdie, convence en su estilo y vigor. Montaje expeditivo, seguimientos de cámara acerados, encuadres reducidos y la combinación de lentes anamórficas con desenfoque en los bordes del encuadre con preponderancia de los rostros. Formas de moda en el ambiente festivalero, sí, pero no tan habituales en el cine costumbrista español, mas dado a parquedades en su puesta en escena.
El rumbo de los personajes de este microclima deviene pasada la primera mitad del filme en poco más que un sumario anecdótico de momentos, sin intención aparente de encontrar catarsis o clausura alguna. La confusión se casa con la ligereza, que impide al filme crecer en su impacto estético o emocional una vez disipado su primer efecto sorpresa. El conjunto de elementos hacen de ella una atractiva novedad desde el prisma mediático, pero ninguno de sus frentes da los suficientes frutos como para que sea algo más que eso.
Histriónica, reivindicativa y espontánea, Viva nos sumerge en un estudio de personaje tan honesto como poco habitual, pues no son tantos los perfiles femeninos que hemos visto diseccionados psicológicamente de esta manera. Tanto el conjunto de actores secundarios como los elementos iconográficos del universo quedan relegados a un rol circunstancial, pero la presencia garantizada en taquilla de trabajos nacionales con estas características son síntoma de una pluralidad de miradas siempre beneficiosa.
Néstor Juez


