En este curso 2025-2026 preservo el puesto de Editor de Cinema Ad Hoc, además de seguir colaborando en ella. En esta ocasión, escribo sobre uno de los estrenos de cine de terror mas esperados del curso que empieza: Resident Evil, de Zach Cregger. Disfrutadla:
Entrega accidentada
Los realizadores prometedores de la escena del cine de género acaban siendo absorbidos por el sistema de estudios una y otra vez. Muchos perdieron la cabeza con los cacareados primeros trabajos del norteamericano Zach Cregger, pero dicho reconocimiento le ha llevado a que se le entreguen las riendas de una franquicia de adaptaciones de videojuegos con una necesidad imperiosa de ser reflotada. Empieza el curso y, con él, una nueva aproximación a Resident Evil. Un estreno anticipado pero que, con respecto a su campaña de marketing, nos llega demasiado pronto, y que aspira al consenso aún desde sus dimensiones contenidas de producción. Los resultados expresivos y narrativos cumplen con creces con las metas planteadas en la línea de meta. Ninguno de sus frentes sorprende, desafía o trasciende, y la acumulación de estereotipos es despreocupada, pero cumple sobradamente como entretenimiento honesto y eficaz.
Son tres las grandes virtudes de esta cinta: su sencillez narrativa, su balance tonal y su tempo. El relato se comprime en una frase: torpe antihéroe tiene que llevar un cargamento a un punto A, y en su recorrido tendrá que sortear obstáculos. El filme arranca prácticamente en acción, es expeditivo y nunca se detiene. No se distrae en subtramas, no se explaya en explicar el turbulento contexto, no trastoca la hoja de ruta: avanza siempre hacia delante. No demanda nada al espectador, le atrapa con apenas unas pinceladas de información en un prólogo en un hospital y no le suelta hasta su clímax trágico. Cine de género sencillo con mucha carga de acción y aderezos de distopía. Pocos personajes, asumir con criterio que los espectadores manejamos los códigos del imaginario y, en este caso, un refrescante contrapunto cómico, bien desde un punto de vista de tropiezos y situaciones rocambolescas físicas, bien desde los diálogos, escasos pero acertados para descargar tensión.
Un elemento crucial de vinculación es la descripción de su personaje protagonista. Un patoso anónimo como tantos que vemos en nuestro día a día y que reacciona como haríamos casi todos en una situación límite que nos supera por todas partes. Un repartidor ridículo y poco agraciado, pero de una ética a prueba de bombas. Austin Abrams ya fue congratulado con un papel secundario divertido en Weapons, y aquí da el do de pecho como torpe antihéroe que presencia en tiempo real, en simultáneo a los espectadores y con la misma información que nosotros, la descomposición de la realidad. Una descomposición que se representa en una nocturnidad nevada, añadiendo a la aventura un cariz adicional de hostilidad e incertidumbre.
La ligereza de la propuesta no va reñida con una carga violenta explícita, tanto en casquería como en mutaciones monstruosas. El volumen de decibelios y la modulación aberrante de las amenazas que trufan el recorrido nevado de este repartidor desafortunado es elevado durante todo el metraje. A la entregada labor del equipo de maquillaje hay que sumarle una oficiosa planificación de cámara en tomas largas de seguimiento, cimentando la sensación de cercanía en riguroso directo e invocando el recuerdo de los juegos de tiroteos en primera persona de la propiedad intelectual que adapta. Se ganó la fama por sus dos trabajos anteriores, mas ambiciosos, pero tal vez sea esta la película mas ajustada y regular de Cregger.
La iconografía del filme es una pobreza creativa apabullante, por mucho que esto parezca no importarle a nadie. No hay una sola idea visual de enjundia en el filme, y conforme avanza pierde gradualmente su potencia al verse obligado a conectarse con la mitología de Racoon City y sus experimentos científicos descontrolados. Los estereotipos de cine de género tosco afloran por doquier, y el cierre efectista se apoya sobre torpezas predecibles. Es todo él un viaje carente de sorpresas, donde no pocas fatalidades que sufren los personajes son evitables. Una película, en suma, infantil, sin lecturas secundarias ni misterios posibles.
Explosiva, cínica y detonadora, Resident Evil propone un nuevo horizonte para la franquicia de muertos vivientes con el tantos años negado favor del público. Nada en ella propone desconcertar al respetable ni asomarle a terrenos insospechados con capacidad de permanecer en la memoria, pero la integración de sus elementos se lleva a cabo con la suficiente habilidad para garantizar un ameno visionado escapista en la sala de cine.
Néstor Juez


