Zéro de conduite – Opresión y onirismo

En 2012, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

 Muerto a los 29 años, Jean Vigo ha pasado a la historia del Cine con sólo una película y dos cortometrajes en su filmografía, ya que aunque en su día fue ignorado cinéfilos de todo el mundo le alabaron posteriormente, sobre todo los críticos de la “nouvelle vague”, a los que la filmografía del parisino sirvió de inspiración en lo que a construcción narrativa se refiere. Este corto de 41 minutos de duración rodado en 1933, que narra la historia de un grupo de chavales de internado que se revelan contra sus vigilantes y profesores, es un revolucionario ejemplo de cine surrealista que aúna el personal estilo de este autor.

En este filme se mezcla realismo con escenas oníricas y ensoñaciones de los infantes(las plumas cayendo en la escena de los estandartes, la tergiversada visión del director que tiene la niña), se hace una crítica social de la francia del momento mediante la metáfora del internado y se invierte el punto de vista, reflejando a los traviesos delincuentes cómo los buenos, apresados por sus extravagantes vigilantes (un director enano con voz de pito, un bigotudo tieso, un profesor bondadoso que escribe mientras hace el pino y un vigilante  del recreo que imita de Charlot) que son los malos. Un espíritu de rebelión se respira en toda la película (la planificación clandestina de los tres protagonistas, ese afán por escaparse cuando les sacan a darse una vuelta), el cual se exalta al máximo en la escena de los estandartes, alusión directa a la Revolución francesa.

En el aspecto técnico este mediometraje resultó revolucionario por sus encuadres, el visionario uso de la cámara lenta y el lirismo de sus imágenes, así cómo el efectivo uso de la música para resaltar el delirio y la comicidad, así cómo el simbolismo latente (el plano final de los niños en el tejado sugiere el vuelo, máxima expresión de la libertad), pudiendo apreciarse una especie de “realismo fantástico” cómo el de “El ángel azul” de Von Sternberg.

Obra única e irrepetible, Zéro de Conduite no ha perdido un ápice de su fuerza.

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