XIV Documentamadrid – Gurús y funerarias

En 2017, Documentamadrid, Eventos, Festivales y Muestras por Néstor JuezDeja un comentario

Uno de los mayores descubrimientos cinéfilos que un servidor realizó en el 2016 fue el festival de la capital española Documentamadrid, que lleva décadas celebrándose en el mes de mayo y al que acudí por primera vez y, gracias a mi acreditación de prensa, pude disfrutar de casi la totalidad de la programación del certamen. Por tanto la nueva edición era una de las citas marcadas en el calendario para el nuevo curso. Pero, tristemente, se me negó la acreditación este año, por lo que por motivos económicos y de agenda apenas pude ver dos películas del festival, lo que sin duda resultó ser tremendamente decepcionante. Pero la gran calidad de una de ellas me compensó por completo el esfuerzo y la experiencia de repetir asistencia. Esperó que el año que viene pueda recuperar mi acreditación o, en detrimento de esta, poder acudir a más proyecciones, pero mientras tanto seguiré informándoos con gusto. 

El viernes 5 de mayo asistimos a las 22:00 en la hermosa Sala Azcona de la Cineteca de Madrid a la segunda película de la sección oficial, la argentina Solar, dirigida por Manuel Abramovich. Una película ultra-humilde rodada en un periódo de tres años, que indaga en la Familia Cabobianco, y en particular en la extravagante figura de Flavio, y de cómo ha evolucionado tras el mediático caso de la publicación de un libro esotérico durante su tierna infancia y la marca que este hecho ha dejado en él y su hermano después de varias décadas. Un relato metanarrativo que al final no es tanto lo que quería contar al principio sino el angosto proceso de llevar a cabo esta película y las anomalías caóticas que se dan de la mano en el producto final. Una película cuyo propia dupla creadora de Manuel y Flavio definen como un collage de mierda. Definición que, sin intención de ofender, le viene como anillo al dedo. Uno, eso sí, no exento de interés textual. Devenido Flavio no sólo en protagonista sino en codirector y operador de cámara, se graba a sí mismo con una Gopro en pos de no perder la naturalidad, pero sin guía ni objetivo, dando lugar a ingentes cantidades de material de difícil conexión entre sí engarzadas en arduas sesiones de montaje de la mejor manera posible. El interés del filme radica en tanto contribuye a una desmitificación del proceso cinematográfico propio de esta era de democratización de la información, en la que el proceso se libra de ataduras y ortodoxias y se entrega a expresiones de creación y autoría que atrapen la entropía del proceder humano y de la aventura de plantear el rodaje de un documental sobre la marcha. A nivel audiovisual el filme se encuentra muy por debajo de los estándares habituales de calidad de la producción cinematográfico, pero ello adquiere sentido en un producto como este, que sin embargo no logra conjugar un guión interesante y rico más allá de meros anécdotas, hilado sin un ritmo alguno e incapaz de definir con claridad una atmósfera y tono específico. Un documental curioso en cuanto a su forma se refiere, pero poco más. 5/10

El sábado 6 de mayo, después de una siempre gratificante visita al Kucaramakara y haber degustado sus excelentes pollos, acudimos a las 22:00 a la proyección del documental Calabria (no confundir con la también excelente película de Francesco Munzi), dirigido por Pierre-François Sauter. Una oda a la multiculturalidad europea sensible y vitalista. El portugués Jose Russo y el serbio (gitano músico) Jovan Nikolic trabajan en la empresa de Funerarias generales de Lausana, y un día reciben el encargo de trasladar en coche al fallecido Franco Spadea a su pueblo de origen Gasparina, en Calabria. Durante tres días de recorrido por carreteras centroeuropeas, la pareja de amigos inmigrantes y extranjeras divagará sobre el clima, el paisaje, el amor, la música, la fe… en un viaje ubicuo de fronteras licuadas y patrias enajenadas, que se extrañan en el alma y a las que retorna la carne. La película toma la acertada decisión de no dirigir el objetivo a los paisajes que rodean al coche en su trayecto, sino filmar a sus ocupantes dentro del mismo en plano medio o de espaldas, recurriendo a los planos generales (estupendos, por otra parte) cuando ellos abandonan el vehículo, y a las tomas de seguimiento en los primeros compases del filme, en el que seguimos a ambos en un día de trabajo en Suiza, y a una panorámica circular en el eje horizontal con cámara fija en el último plano. Si el filme brilla no es por su asceta planteamiento visual, excelente de todos modos, sino a la vivaz y elocuente diálogo de estos grandes aciertos de casting y el genio en la estructuración de esta guión, que adereza un tono que ya respiraba verdad y corazón con una preciosa música balcánica interpretada por el carismático Nikolic que logran no pocas escenas de lágrima y aporta un jugosa guinda de ternura y letánico desgarro. Un documental sencillo pero cargado de mensaje y reflexión sobre la universalidad de nuestros días, y también de la consecuente enajenación de una tierra que cobije también a nivel emocional. Emocionalmente espectacular, un documental de enorme disfrute. 8/10

En suma, una edición a la que prácticamente no pude asistir pero que concluí con un gran sabor de boca, y que muestra de nuevo que es una gran ocasión para ver grandes películas a las que no podré acceder en ningún otro sitio. Espero a la próxima edición con agua de mayo. 

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