XIII Muestra Syfy – Societas, carne y psique

En 2016, Eventos, Festivales y Muestras, Muestra Syfy por Néstor Juez1 Comentario

Del 3 al 6 de Marzo, por vez primera en el Cine de la Prensa, tuvo lugar un evento con mucho prestigio entre los cinéfilos de la capital: la XIII Muestra Syfy de Cine Fantástico. Una muestra que en esta ocasión ofreció su peor programación desde el año 2012, pero que hizo de nuevo alarde de diversidad geográfica y temática, en la que se tocaron temas de candente actualidad y se reflexionó de múltiples maneras sobres tres temas vertebrales: las estructuras sociales, la carne y la mente humana. Desarrollaré esta conjetura analizando día por día las películas que se proyectaron.

JUEVES

Tras la presentación con La bruja, la muestra abrió a las 22:00 del 3 de Marzo con La invitación, una intrigante película triunfadora en Sitges. Kusama orquesta un pausado thriller de tensión graduada en el que se palpa que algo turbio se oculta tras las extrañas apariencias de los amigos invitados al guateque, que tiene lugar en una casa en la que la tragedia azotó a todos años atrás. En esta ocasión el clímax sí satisface la espera y finalmente aquello que se sugiere con la realización y la música se manifiesta en todo su esplendor. Pero se demora tanto que gran parte del visionado del filme se hace pesado. Y aunque la tragedia del personaje principal sea poderosa y su manera de escenificarla dosificando al máximo la información que se da al espectador, los personajes son tan planos y carentes de carisma que no logramos empatizar con su drama. Primero de los relatos sobre los intrigantes caminos de la mente que nos llegarían durante el fin de semana. Es por ello que esta película dista mucho de ser una gran obra, pero sin duda fue de las producciones más interesantes de la Muestra. 7/10

VIERNES

Abrimos el viernes a las 16:00 con la secuela de una película de terror noruega del 2003, Villmark Asylum. Triste propuesta genérica, indagando de nuevo en taras mentales y experimentaciones con la carne, en este caso de pacientes tuberculosos. Reminiscencias  de un turbio pasado relacionado con la Segunda Guerra Mundial, lagos, hospitales abandonados, niños que vagan entre la vida y la muerte, contactos con el abismo…esta película toca todos los clichés del género y los ejecuta de una manera apática. Sus personajes vacíos y bobos cometen insensateces a lo largo de un guión carente de fuerza en la escenificación del terror, incongruente y desaprovechado, común y perezoso, dónde todo sigue derroteros predecibles. Al menos su aceptable factura técnica y su comicidad no intencionada, magnificada en eventos como este, salvan del abismo absoluto a la peor propuesta fílmica que servidor ve desde hace unos meses. 3/10

A las 18:00, mientras se proyectaba en la sala 3 Dentro del laberinto, el nivel mejoró levemente con la simpática pero insatisfactoria Nina forever (Nina para siempre), película británica más centrada en las costumbres de sus personajes pero con un fresco giro hacia la parodia del cine de fantasmas. La fallecida Nina regresa, sanguinolenta, a incordiar a su novio cada vez que este hace el amor con su nueva amante. Su divertida e original premisa de partida, que no en vano parece más apropiada para un cortometraje, recibe un desarrollo muy introspectivo, reflexivo, incluso dramático o de relato social. Este es lento, poco excepcional, y la descripción de personajes es tan pobre que no podemos sentirnos interesados por las situaciones reiterativas en las que estos se sumergen. La proyección dio lugar a momentos de esparcimiento debido a fallos técnicos con los subtítulos, pero poco más cabría destacar de una película que no cumple lo que promete como debiera. 4/10

A las 20:00 asistimos a la última mamarrachada de Eli Roth, que en esta ocasión decidió pasar un buen rato rodando una película de caníbales, El infierno verde. Consciente de sus propias cualidades técnicas y narrativas, y no buscando otra cosa que la diversión de su audiencia, esta es sin duda una película cochambrosa, perezosa y moralmente repugnante. Pero funciona muy bien dentro de lo que es y de lo que quiere ofrecer. Su factura es macarrónica, pero sin duda fue el visionado más entretenido del día. Unos jóvenes activistas viajan al Amazonas a protestar por la tala del bosque, y acaban apresados por accidente por una tribu caníbal, de la que pocos saldrán con vida. El absurdo está garantizado en múltiples escenas, cómo también lo está la incongruencia en aras de la caricatura. Pero su versión histriónica del relato de aventuras es eficaz y mantiene el ritmo durante la totalidad del metraje. Aderezada con cierta crítica social hacia el ecologismo impostado, El infierno verde es una canallada mal intencionada pero divertida, que funciona bien dentro del formato de la Muestra. 4/10

A las 22:00 asistimos al preestreno de la única película nacional del fin de semana, una ópera prima de ciencia ficción sobre sociedades distópicas represivas: Vulcania. Una cinta que no era apropiada para el aforo ante el que se emitió, pero a la que deben reconocérsele ciertas virtudes a pesar de su fracaso general. Consigue camuflar sus evidentes deficiencias presupuestarias con una competente factura técnica, y un argumento que se muestra interesante durante los primeros minutos. Pero lamentablemente el desarrollo y conclusión de este no llevan a ningún lugar de interés, y si a ello le unimos su incapacidad de crear ritmo cinematográfico, lo obvio de su crítica social (la dialéctica clase trabajadora engañada y los burgueses privilegiados que mantienen contacto con un mundo exterior avanzado) y lo pobre de sus personajes, pésimamente interpretados (delito mayor si hablamos de un reparto que cuenta con José Sacristán o Aura Garrido en sus filas), obtenemos un filme que desaprovecha al máximo exponente su potencial. Con todo, resultó reconfortante encontrarnos con un nuevo personaje con poderes magnéticos en la gran pantalla, y sus interesantes conceptos formales hacen de ella la mejor película de lo que llevábamos de viernes. 5/10

A las 00:00 vimos una propuesta que arregló un aciago viernes: la nipona Parasyte Parte 1, adaptación de un anime homónimo. Unos seres alienígenas están parasitando a los ciudadanos terrícolas, introduciéndose por sus orificios y adueñándose de sus cerebros. Izumi, un adolescente tímido con madre soltera, es parasitado, pero impide que este llega al cerebro. A partir de entonces poseerá una mano alienígena mutante, Migi, en una simbiosis orgánica en la que ambas conciencias coexisten. Ambos emprenderán una cruenta batalla con el resto de sanguinarios parásitos, en la que el futuro de la raza humana está en juego. De nuevo mutaciones de la carne y reflexiones sobre la convivencia y estructuración social entre razas llamadas a no entenderse, en una divertida y apasionante película de acción. Adolece de un exceso de metraje y de demasiadas frases científicas redundantes, pero combina con sorprendente acierto momentos cómicos, escenas dramáticas, secuencias de acción, desarrollo de personajes y carnaza puntual en las espeluznantes formas que toman los voraces parasitados, en una mezcla épica. Su acabado visual es sorprendente para su no tan holgado presupuesto de producción, y su estilo de realización es dinámico y elegante. Decepcionantemente abierta  para una espectacular secuela que se antoja excesiva para los pocos cabos que quedan por atar, la estupenda Parasyte fue el filme más sorprendente del certamen. 6/10

SÁBADO

El sábado madrugamos para ver a las 12:00 en la sesión Syfy Kids la brasileña El niño y el mundo, nominada este año a mejor película de animación. Una producción muy elegante, estética y sensorial, en la que un niño abandona a sus padres en su modesto hogar para conocer el mundo, desde el trabajo en las plantaciones de algodón hasta los trabajos metalúrgicos forzados en las grandes capitales capitalistas. El acabado visual de esta película es precioso, y sus ideas temáticas son necesarias para que los niños las consuman. Además, el argumento sorprende en tanto parece ser una retrospectiva de toda una vida, tanto desde el futuro como desde el pasado. Pero más allá de su misteriosa conclusión, esta preciosista película presenta evidentes problemas de ritmo (sus 87 minutos se hacen eternos) y de texturas (dibujos manuales que se insertan a través de obvias capas 3D, o collages totalmente innecesarios. Por no hablar de cierto montaje de imágenes de archivo totalmente redundante e innecesario). Su variedad tonal resulta abrupta, pues tras 40 minutos de película infantil, puro delirio de colores y sonidos sin argumento aparente, se transforma en una agria película para adultos de obvia crítica sociopolítica, con un panfletario alegato antibelicista. De lo mejor de la Muestra de todos modos, y muy apreciable, pero a años luz de, por ejemplo, Song of the sea. 6/10

A las 16:00 vimos la surcoreana The piper (El flautista, no El pipero), en la que un flautista ambulante vaga hacia Seúl con su hijo, al que debe curar de un cáncer de pulmón. Con este gravoso objetivo aceptará ayudar a las gentes de una aldea de la montaña, liberándoles de su plaga de ratas carnívoras gracias al efecto que la armoniosa melodía de su flauta ejerce sobre ellas. Escabrosa reinvención del flautista de Hamelín, esta efectiva película muestra una vez más el buen hacer de los cineastas coreanas, ofreciendo una película competentemente fotografiada y muy entretenida, con personajes patéticos cuyas vicisitudes ofrecen no pocos momentos cómicos. Bien es cierto que el argumento, a grandes rasgos, es absolutamente inverosímil por muy realista que esté representado, y ciertos giros argumentales para concluir en el terror más perverso y negro resultan muy poco creíbles, sobre todo si atendemos a la construcción de personajes durante la primera parte del filme. Su dialética entre la comedia y el horror, aunque intensa en ambos bandos, no acaba de estar bien maridada, en tanto la transición de una a otra tras la liberación del pueblo resulta muy forzada. De todas maneras, esta aceptable producción suponía una mejoría con respecto al nivel general del día anterior. 5/10

A las 18:00, mientras se emitía en la sala 3 la animada La chica satélite y el chico vaca, asistimos a la británica Listening, la cual, tras una ración de carne, se adentraba en los misterios del pensamiento humano. Esta ópera prima narra el proceso de creación de una máquina de lectura del pensamientos llevado a cabo por unos científicos universitarios, hasta su captación por una gran empresa tecnológica y la precipitación de las atroces consecuencias morales y personales que su invento conlleva. Una estimulante premisa terriblemente desaprovechada en una pobre (en todos los sentidos) película. La acción se limita tan sólo a insípidas charlas científicas durante hora y media, en la que apenas suceden acciones de relevancia más allá de ciertas discusiones amistosas familiares y del viaje que uno de ellos emprende para entrenar el intelecto. Y no se para en el argumento la mediocridad. Sullins no puede ocultar su bisoñez como realizador, y su película esta realizada mediocremente y fotografiada con pésimo gusto, haciendo uso de terribles filtros de manera aleatoria en cada localización. Es por ello que su acabado técnico, más cercano al de una película de estudiantes, y su poco inspirado guión, que desaprovecha una apasionante premisa en pos de un drama de insípidos personajes que sigue derroteros convencionales, hacen de esta una película errada, pero bien intencionada. Simplemente aceptable. 4/10

A las 20:00 se proyectó, en paralelo al capítulo musical de Buffy Cazavampiros, la nueva película de Joe Begos tras la abominable Almost Human, que pudimos ver en la Muestra de hace dos años: The mind,s eye.  En esta ocasión podemos agradecer su evolución como cineasta, pues esta película, que versa sobre telequinésicos perseguidos por la justicia y por una institución mental con malévolas intenciones, al menos está bien fotografiada, y consigue reproducir la deseada atmósfera retro de serie B ochentera gracias a la eficaz banda sonora de Steve Moore, presente el año pasado como firmante de la música de Cub (Lobato). Sin embargo, tras veinte minutos iniciales intrigantes y logrados de ritmo la película se arroja sin mesura en el desastre, salvándose en última instancia como experiencia cinéfila de cierto regocijo en un ambiente como el de la Muestra. Pero sólo ciertas concesiones al gore (carne y mente en esta ocasión) y a la diversión sin prejuicios ni ambiciones narrativas salvan una película deleznable cuyo saturante visionado llega a resultar doloroso. La historia deviene en una triste batalla sin cuartel que no busca sino la demolición del contrario, y las numerosas posibilidades visuales que los poderes de nuestros personajes ofrecen se limiten a estruendosos berridos y sucesiones de primeros planos de cabezas hinchadas a punto de explotar, similares a las de aquellos aquejados de problemas estomacales. El patético arco argumental de su vergonzoso villano escenifica a las mil maravillas el descarrilamiento sin paliativos del filme. Lo peor del día. 4/10

A las 22:00 se nos deleitó con la mejor película de la Muestra: la interesantísima y peculiar Bone Tomahawk. Refrescante mezcla de géneros y extraño ejercicio narrativo para el género en que se enmarca, Craig Zahler ofrece un manejo del ritmo narrativo propio de un maestro, en la que se construye la tensión del clímax durante muchos minutos, con tensa lentitud y de diálogo realista pero cómico, y con una narración cruda y directa, sin ornamentación formal de ningún tipo. Seguimos a cuatro personajes en su peligrosa travesía a través de áridas llanuras en busca de la mujer de uno de ellos, secuestrada por una tribu de caníbales. Una propuesta de ajustado presupuesto pero que optimiza al máximo los medios de los que dispone, a través de una fotografía simple pero eficaz, que da al filme un aspecto realista y cercano, y que sumerge al espectador de lleno en la historia, en la que acompañamos a nuestros héroes como si fuéramos uno más con apenas alguna melodía puntual. La comedia triunfa gracias al desempeño de sus cuatro intérpretes, en particular de Jenkins y Wilson, pero la cinta satisface plenamente en sus escasas pero muy logradas escenas de acción y en sus puntuales pero justificados escarceos con el gore. Bien es cierto que su cierre se queda corto para tamaña construcción del relato, y su sencilla propuesta podría haberse forzado algo más. Pero esta estimulante propuesta, sin ser excelente, hizo las delicias de un servidor y compensó casi la totalidad del fin de semana. 8/10

Cerramos un sábado de altos y bajos con una propuesta genérica apropiada para la medianoche: la británica Generation Z (The rezort, absurdamente traducida), una suerte de Parque Jurásico con zombis en lugar de dinosaurios. La película presentaba un acabado visual propio del subproducto que es, y ofrecía más de lo mismo, la enésima película de no muertos en estado de putrefacción (de nuevo, la carne) que sigue toda convención esperable y que desaprovecha su jugosa vuelta de tuerca a través de una narración predecible, conveniente, convencional y perezosa, protagonizada por meros estereotipos y personajes de capa fina. Con todo, logra lo que pretende, que es entretener sin pretensiones, y logra que sigamos con cierta intriga la carrera de obstáculos. Además, un divertido giro narrativo que relaciona la relación del planeta con los zombies con la crisis global de los refugiados (de nuevo el societas) hacen de este un filme olvidable y anodino, pero eficaz como entretenimiento y algo divertida. 4/10

DOMINGO

Tras ahorrarme el visionado de la versión en imagen real de Nicky, la aprendiz de bruja para el necesario reposo corporal, inaugurábamos el domingo a las 16:00 con la estimulante Demonio (Demon), del difunto realizador polaco Marcin Wrona.  Una polaca decide casarse con un inglés en una casa en el campo. Sin embargo, todo se torcerá durante la ceremonia, pues el prometido será poseído por el fantasma de una antigua novia enterrada en el jardín.  Una comedia costumbrista sobre las excesivas bodas centroeuropeas heredera de Kusturica, aderezada con una línea narrativa principal que entroncaba en el más crudo cine sobre el terror de lo sobrenatural. Espléndidamente fotografiada, la película ofreció una divertidísima e irreverente historia que sin embargo fue recibida de manera desigual en la Muestra, pues su atípico maridaje de excesiva sátira sobre las febriles bodas balcánicas con tensa intriga sin resolver dejó muchos espectadores sin saber a que atenerse o que esperar del filme. Y bien es cierto que en su mezcla con el costumbrismo radica el gran acierto de esta gratificante sorpresa, pero el tema de la posesión, el cual supone la línea narrativa principal que inaugura la película, se pierde y desdibuja por el camino, para posteriormente ser resuelto de manera cinematográficamente satifactoria pero narrativamente incongruente. Una de las mejores películas que vimos durante estos días. 7/10

A las 18:00 , mientras se ofrecía en la sala 3 el documental sobre Giger Dark star (Estrella oscura, vaya), se proyectó la israelita Jeruzalem, una suerte de Rec ambientado en la ciudad santa visualizado a través de unas gafas de Google. Unas amigas adolescentes se van de vacaciones a Tel Aviv, pero acaban en Jerusalén, ligando en la Ciudad Santa durante la celebración del Yom Kippur. Se respira extrañeza en el aire, y los malos augurios se confirman cuando el ejército sitia la ciudad santa aquella noche en la que regresan los muertos. Pues, como bien se nos aclara al principio del filme con pretendidas imágenes de archivo, en Jerusalén se halla la tercera puerta del infierno. Como bien puede deducirse, la película ofrece todo aquello que podría esperarse de una película de terror que hace uso del metraje encontrado o de la narración en primera persona, pero cual fue mi sorpresa al encontrar una película, aunque cargada de clichés (chicas bobas, conveniencias de guión, integración forzada del dispositivo de narración en ciertas escenas, guión conveniente e inconsecuente), muy bien resuelta y solvente. El uso de las gafas de Google como dispositivo narrativo se siente fresco, atractivo y muy bien aprovechada, ofreciendo soluciones visuales muy interesantes (las redes sociales se integran orgánicamente en la historia). Intercambiar al zombie (de nuevo la carne) por corrompidos ángeles putrefactos se siente rico visualmente, y sus insertos documentales aunque típicos funciona muy bien como elementos para crear tensión. Lamentablemente, el filme se pierde en el exceso monstruoso y en la incongruencia narrativa durante la noche del juicio, y su última escena aunque divertida se siente absurda. No mejora a sus muchos referentes, ni se sale de la norma, pero Jeruzalem es una atractiva película de terror que mantuvo el buen nivel del domingo. 6/10

A las 20:00 continuábamos la buena racha con Absolutamente todo, comedia fantástica dirigida por Terry Jones (responsable de La vida de Brian) y con los Monty Python y el fallecido Robin Williams doblando algunos personajes. Un grupo de desquiciados alienígenas dotan a Simon Pegg de la habilidad de conseguir todo lo que desea con pedirlo, la cual deberá usarla para probar su rectitud moral y así salvar a la humanidad de la destrucción total. Muy similar a Como Dios, nos hallamos de nuevo ante una película tonta y con un humor algo blanco, pero que funciona al hilvanar con acierto su extensa sarta de gags y sandeces. Acierta al no dedicarle mucho tiempo a su convencional historia de amor, y abraza aún más el absurdo, especialmente a través del surrealista personaje del militar enamorado de Beckinsale. El personaje del perro se usa de manera inteligente, y la estructura de la película hace que casi todos sus chistes brillen, ofreciendo no pocos momentos realmente hilarantes, sustentados mayormente en la ambivalencia del lenguaje. Inofensiva, predecible, blanda y, en última instancia, un nuevo uso poco aprovechad de su premisa, Absolutamente todo es una comedia sin pretensiones pero muy divertida, de gratificante visionado, muy necesario para refrescar en un evento tan intenso como este. El domingo seguía sin presentar flaquezas. 6/10

A las 22:00 se clausuraba el bendito domingo y la Muestra con la esperada Rascacielos (High Rise), de Ben Wheatley, basada en la novela homónima de Ballard. Estéticamente deslumbrante, el filme abría con unas secuencias muy estimulantes y una historia de innegable interés: un médico entra a vivir en un inmenso rascacielos en los que cada piso escenifica un estrato de la sociedad, situándose él en la zona habitada por una adocenada burguesía de caprichosos nuevos ricos. Poco a poco se adaptará a un ecosistema exuberante que parece perfectamente organizado pero que pronto se tornará insostenible por la indulgencia de sus egoístas inquilinos, derivando en el desastre más salvaje. Múltiples reflexiones curiosas surgen durante y después del visionado, pero esto no niega lo evidente: aquello que se mostraba apasionante se sumerge de lleno en un apabullante exceso orgiástico que prima forma sobre fondo, machacando a un ya extenuado servidor (sin duda, este filme no podía programarse sino al cierre. Esta película es concluyente a muchos niveles). Su metáfora, sobre una distópica sociedad en la que las clases batallan sin cuartel por su propia supervivencia (labor que la excelente Rompenieves ofrecía con mejores resultados) bastante obvia y una narrativa difusa que abandona toda coherencia literal en pos de una montaña rusa de decadencia, violencia y egolatría que ofrece tanto momentos logrados como pretenciosidad a raudales. Concluye de nuevo en lo alto, abrazando hasta el último momento la filosofía y la crítica social, pero entre medias abunda el tedio, la rareza y el virtuosismo técnico gratuito (en tanto no justificado). Igualmente, fue una de las mejores propuestas de la Muestra, pero no llega a los niveles que apuntaba en sus inicios ni a lo que se esperaba de ella (un Rompenieves en vertical. En última instancia, en muchas cosas se diferencian). 6/10

En definitiva, un año más pudimos disfrutar de cuatro agotadores días de cine de todos los colores, para todos los gustos y con todo tipo de resultados. Múltiples propuestas de las que destacaría Parasyte, La invitación, Demon y, sobre todo, Bone Tomahawk. A pesar de un estupendo domingo, la Muestra palideció con respecto a los últimos años, pero ofreció varios nexos en común de curiosa lectura: la frágil sostenibilidad de las estructuras sociopolíticas, la devoración y manipulación corporal de tus congéneres o los tenebrosos parajes de la insondable psique humana. Todo ello a través de una programación plural que de nuevo se confirma como el más álgido momento del año para este ávido devorador de cine. Espero ansioso la Muestra del año que viene para de nuevo sufrir gozando en buena compañía.

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