Tío Howard – Homenaje y legado

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

En el doble pase en el Instituto Francés al que asistí invitado por Surtsey Films me fue otorgado un DVD con uno de los siguientes estrenos de la distribuidora que, lamentablemente, no iban a poder pasar para los medios. Este estreno es el documental Tío Howard, homenaje de Aaron Brookner a su fallecido, y cineasta, tío, que ya se pudo ver en el Festival de San Sebastián de hace dos temporadas. Fue para mí una grata sorpresa que se me diera la posibilidad de disfrutar en primicia de esta aplaudida obra, pues si bien adoro cada vez más el género documental estos no acostumbran a ser una prioridad cuando visito las salas de cine. Y su menor atención mediática ha provocado que, lamentablemente, aún tenga pendientes grandes obras del cine documental. Leyendo la sinopsis no pude sino acrecentar mi interés, pues allende mi cinefilia mi formación como realizador han hecho inevitable mi pasión por el oficio de filmar, actividad infructuosa que emprendo a menudo con la más modesta de las envergaduras. Y el producto bien merece una reivindicación, pero siempre desde la tranquilidad. La película consigue emocionar, infundir respeto y motivar a la actitud creativa y emprendedora, pero siguiendo una estructura acomodada en los convencionalismos del género. 

En 1989 murió de SIDA el cineasta Howard Brookner, mientras se encontraba inmerso en la posproducción de su tercer largometraje y primer proyecto de ficción Hollywoodiense. Apenas entrado en la treintena, dedicó cinco años a un documental sobre William Burroughs y otro sobre el director teatral Robert Wilson, en un período en el que transitó la vida nocturna, las drogas, trabajó y se relacionó con artistas como Warhol o Brian Eno o cineastas como Jarmusch, Waters o Spike Lee, y vivió con pasión su homosexualidad en ambientes de alterne hasta que la enfermedad acabó con su breve pero intensa vida. Cuando su sobrino Aaron descubrió la existencia de un inmenso archivo audovisual grabado por su tío y almacenado en silencio en el búnker de Burroughs, decide sacarlo a la luz mediante un documental que recupere su figura como cineasta con voz única, y rendirle pleitesía de paso a un familiar querido e inspirador para él. Un documental en honor a un cineasta inacabado, en tanto icono y persona. Un mosaico de entrevistas y de imágenes de archivo que procura captar la esencia perdida de una persona  críptica y conflictiva, pero creativa y bondadosa, apasionada y motivadora.  Un retrato de una nueva generación de cineastas, enérgica, iconoclasta, libre de ataduras. Un adalid de la era de liberación sexual que fue, a su vez, una de sus víctimas en la gigantesca pandemia de SIDA en el mundo del arte. Un mundo en el que sus padres no le habrían querido, pero en el que el pudo expresarse haciendo aquello que más le gustaba. La afectada voz en off del sobrino realizador, su acertada banda sonora y su estructura creciente logran que el espectador se implique con un relato a priori personal y se emocione con los personajes que habitan la narración, pese a no conocer ni guardar relación alguna con Howard. La riqueza de su archivo era prodigiosa, y siempre se agradece que se dé salida a este material, de un modo u otro. 

Pese a su eficacia emocional, su trémulo ritmo no ayuda al entusiasmo, y su lenguaje visual logra que el espectador se acostumbre para posteriormente se hunda en un estado estático debido a la reiterativa estructura narrativa del documental, que apenas se basa en entrevistas estándar y documentos de vídeo con zooms y cámara en mano, que carente de mayor sustancia fílmica puede agradar pero apenas fascinar. En un género como este, con unas normas tan marcadas y una producción tan numerosa, una carcasa tan común hace muy difícil que nos sumerjamos en este relato sencillo, tan personal y subjetivizado. Pues un realizador o apasionado hallará mucho elemento para el regocijo, la audiencia restante no tanto. 

Para el espectador curtido en el mundo de los documentales, y para la audiencia en general, Tío Howard no supondrá ningún divertimento de relevancia, pero el cinéfilo apasionado acabará su proyección con una gran sonrisa. 7/10

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