Sully -Heroicidad taimada

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Actor primero y director después, Clint Eastwood es uno de los últimos realizadores clásicos de Hollywood. Uno de los realizadores más veteranos y con mayor recorrido cinematográfico a sus espaldas. Y desde el siglo XXI, responsable de películas en las que su presencia delante de la cámara es cada vez más testimonial. Conservador de pura cepa, es una de las puntas de lanza del clasicismo cinematográfico norteamericana. Cine de héroes y esperanza, historias de superación de hombres nobles con predilección emocional hacia el bienestar humano como población social unida, sea América en concreto o no. Y en esta ocasión aliado (sorprendentemente, por primera vez) con el legendario Tom Hanks para narrar un relato basado en hechos reales, apropiado para hacer las delicias de la academia en temporada de premios. El suceso escogido esta vez fue uno muy reciente pero muy relevante: el llamado milagro en el Hudson, dónde se probó que no todos los aterrizajes forzosos o averías en los aviones concluyen en desastre. Y el buen recibimiento crítico me dio un argumento más para acudir al visionado. Y no me arrepentí de haberlo hecho, si bien quedó demostrado que fue buena idea no darle prioridad. No me entiendan mal, estamos hablando de un producto muy competente. Su equipo artístico y técnico muestran sobradas tablas delante y detrás de la cámara, y lo jugoso de su premisa son los pilares de una película gratificante con virtudes, pero también con una sensación general de mera exposición roma y plana, con poca fuerza expresiva a nivel cinematográfico y un tratamiento narrativo de una inmediatez y literalidad algo simple.

sly_rl04_v04.14_grdfinal_rec709legal.00365132.tiffEn la mañana del 15 de enero del 2009, el piloto Chesley Sullenberg Sully y el primer oficial Jeffrey Skiles (unos comedidos y excelentes Tom Hanks y Aaron Eckhart) afrontan una mañana más un vuelo saliente del aeropuerto de La Guardia desde la cabina de un airbus de US Airlines. Pero cuando despegan, la mala suerte les azota, colisionando con un grupo de aves y perdiendo ambos reactores. Forzados a aterrizar, el control de vuelos les insta a retornar a una de las pistas de aterrizaje de La Guardia, pero temeroso de que no puedan llegar toma una arriesgada decisión: amerizar sobre el río Hudson. Una maniobra muy peligroso que gracias a una actuación rápida de todos los involucrados y de las fuerzas de rescate de la ciudad se salda con cero víctimas. Pero los análisis, simulaciones y cálculos que llevan a cabo los miembros de la junta y de investigación y del ACARS (Aircraft Communications Addressing and Reporting System) sugieren la posibilidad de que la hazaña de este héroe cotidiano, elevado al olimpo por los medios, fuera una jugada irresponsable y desobediente. Un retrato personal, en el que asistimos a recreaciones de los pensamientos de Sully, entendiendo sus inquietudes y escuchando sus miedos. Una recreación fiel de los hechos y las opiniones de los presentes en aquel suceso. Buenas interpretaciones y un guión completo y minucioso. Eastwood es un realizador de mucho talento y lo prueba ofreciendo no pocas imágenes portentosas, y colabora componiendo el tema principal de la banda sonora, trabajando en la última década su faceta musical. Su portentoso inicio, en el que se da por sentado el conocimiento de los hechos y se narra el conflictivo después y las consecuencias de sus actos. Y su ausencia de humor forzado y exaltación patriótica y su concreción narrativa se erigen en valores al alza de una película directa que logra lo que busca, narrar un relato interesante que podamos seguir sin cuestionarnos sus entresijos.

Es en la estructura narrativa del guión de Komarnicki (además de en la plana fotografía de Tom Stern, diluida en su maridaje con la recreación digital) dónde radica el gran problema del filme, el que le resta toda su fuerza. Si el inicio marcaba una cosa, el giro posterior hacia el pasado y la decisión de filmar íntegro aquel suceso que da título al filme y se presuponía al inicio (sin olvidar un par de innecesarios flashbacks), en el que parecía iba a elidirse, le restan interés al desarrollo y dejan a la audiencia siguiendo el recorrido de unas secuencias sin emoción y con escasa implicación emocional, en tanto ya sabemos su conclusión. El relato abandona la tensión judicial y opta por un enfoque buenista y familiar que se antoja particularmente lánguido en esta ocasión. Y el juicio final, tras este largo apóstrofe intermedio, no captura con el mismo interés que habría tenido con otro segundo acto. 

Hanks, Spielberg y Eckhart cumplen la papeleta en esta colaboración y trabajan con la soltura propia de los guerreros curtidos, y esta historia tan sorprendente bien invita a recordarla en una sala de cine, pero tendrá que ser con una película muy correcta pero, dentro del magma de las obras maestras que nos anega, anodina. 7/10

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