Reflexiones cinéfilas de septiembre 2020 – Tobe Hooper, Aleksei Balabanov y maestros americanos

En 2020, Miscelánea, Zarzuela por Néstor JuezDeja un comentario

Durante la primera quincena de septiembre estuve de reposo vacacional por la costa granadina, e inicié una intensa fase de indagación en el cine de terror. Una etapa muy cargada de cine: La matanza de Texas, Cargo 200, La cosa, Un amigo extraordinario, Mas allá de la vida, Mundo del mañana y The Game. Os adjunto algunas de las reflexiones que me suscitaron;

La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974)

En La matanza de Texas, la armónica integración de zoom y travelling hacen de la cámara otro personaje, un demente voyeur.

Que La Matanza De Texas siga resultando tan perturbadora cuarenta y seis años después tiene mucho mérito. Aún siendo tan explícita, te anega no por la vía de la carne, sino por la psicológica. El desasosiego de la cochambre.

Cargo 200 (Aleksei Balabanov, 2007)

La barbarie adquiere su exacerbación última cuando se naturaliza, cómo hace con acierto Balabanov en Cargo 200. Portentoso su uso de la música para normalizar la violencia y el abuso.

Si la comedia subvierte nuestras conciencias y asideros morales adquiere un significado mas plural, como en Cargo 200 de Aleksei Balabanov. Un filme incómodo y lúcido en el que el costumbrismo cañí no busca simpatía cómplice sino cotidianizar el aterrador desgarro.

La cosa (John Carpenter, 1982)

Son muchas las virtudes de La Cosa, pero me voy a centrar en su notable trabajo de animatrónicos y efectos especiales prácticos, llamados a revalorizarse mas y mas en el hoy y el mañana de bits y criaturas digitales.

¿Es La Cosa un poco disimulado Alien en la Antártida? Sin duda ¿Es una cátedra de la atmósfera desasosegante y el refinamiento cromático sobre blanco? También.

Un amigo extraordinario (Marielle Heller, 2019)

Ofrece Un amigo extraordinario un curioso diálogo entre niveles de artificio que no esperaba encontrar. Así como una sabia habilidad para balancearse sobre la fina línea de lo cursi sin, a mi parecer, llegar a traspasarla nunca.

Allí donde Lloyd espera diseccionar al personaje a través de sus preguntas, para su sorpresa, el empático y sin cartón Mr. Rogers de Un Amigo Extraordinario le devuelve la mirada y psicoanaliza. Y con él, al espectador.

Más allá de la vida (Clint Eastwood, 2009)

Cohabitan en los rostros de Más allá de la vida las sombras y los pálidos reflejos. Claroscuros que escenifican la dialéctica omnipresente entre su espíritu clásico y el fantástico Shyamalanesco.

Armonía en el barajado demiúrgico que hace Eastwood con las subtramas de Más Allá De La Vida, de entre las cuales me convence especialmente la del muchacho. Drama fantástico, este sí, acomodado en la sensiblería.

Mundo del mañana (Don Hertzfeldt, 2015)

El aterrador escenario que nos dibuja World of Tomorrow no es sino hacia el que nos dirigimos: una sociedad sumergida en la red, de conciencias despojadas de anclajes corpóreos.

Digna de aplauso la capacidad de World Of Tomorrow de desarollar un argumento tan ambicioso en tan poco tiempo, y de con apenas un puñado de trazos infantiles desbordar en creatividad e ingenio visual.

The game (David Fincher, 1997)

La reflexión final que arroja The Game es tan sabrosa como inquietante: nuestro tejido social, la realidad misma, no es sino una representación, una escenificación diseñada para el solazamiento de los millonarios.

La elegancia corporativa, la memoria encarnada en imagen de archivo y el agobio frenético, logrado por música y montaje, se dan cita en el The Game Fincheriano. Un guión desfasado que habría hecho aguas por completo en manos de cualquier otro realizador.

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