Mank – El guionista insurgente

En 2020, Cine, Críticas por Néstor Juez1 Comentario

En este peculiar e histórico año de cine recluido y salas cerradas con funesto e impredecible futuro, es tan apropiado como indicativo que los más grandes títulos que han concentrado la atención de los amantes del séptimo arte se hayan estrenado y exhibido en plataformas de streaming. No en vano, hoy en día no es sino gracias a ellas que las grandes vacas sagradas del audiovisual norteamericano pueden disfrutar de la libertad creativa que necesitan para sacar adelante sus proyectos más ambiciosos. Bajo este modelo han surgido algunos títulos, cuya rentabilidad sigue siendo opaca de cara a la prensa, de prestigio, utilizados como punta de lanza para legitimar a las plataformas como buques de contenido de calidad para las galas de premios y ante la crítica y opinión pública. Uno de estos era, de largo, el trabajo que más anticipaba un servidor de este 2020. El que suponía el regreso al terreno del largometraje cuatro años después de uno de los mejores realizadores norteamericanos de los últimos 30 años. Un largometraje llamado a ocupar un papel protagonista en la futura temporada de premios americanos. Me refiero, por supuesto, a Mank, del legendario David Fincher. Una obra que tuvimos la suerte de poder saborear en pantalla grande antes de su llegada a Netflix. Habiendo tenido tiempo para sopesarla, es innegable que tenemos entre manos a una más que buena película con mucho que valorar, pero también una gran decepción. Un solvente drama sobrio y elegante con altos valores de producción, pero llana en su impacto narrativo y de implicaciones estilísticas lánguidas. Tan intachable como tibia.

Años 30, época dorada del sistema de estudios del Hollywood clásico. El veterano y prestigioso guionista Herman Mankiewicz, más conocido por todos sus conocidos como Mank, se encuentra recluido en una casa rigurosamente vigilado para que finalice en plazo el guion de Ciudadano Kane, ambiciosa producción futura que será dirigida por el joven, talentoso y distante Orson Welles. Un período conflictivo de alcoholismo, mareas y tensiones con múltiples productores y ejecutivos que concluirán con el que fue su mejor trabajo, pero también el mas polémico. Un biopic dramático y sobrio que hace las veces de estilizado homenaje al cine del Hollywood clásico, y de complemento y reflejo de la ópera prima de Welles. Un homenaje también de Fincher a su difunto padre, Jack Fincher, recuperando décadas después un guion suyo que no pudo llevar a la gran pantalla en su momento. Un ejemplo ortodoxo de metacine, de narración que recorre los entresijos de la industria y retrata las circunstancias laborales de la figura del guionista. Y, en última instancia, un estudio claro de la lucha por el control creativo, de la confrontación entre el creador individual y la industria, los roces irresolubles entre el cáustico escritor y aquellos poderosos a los que su obra denuncia. Es un aliciente claro de la historia la volcánica figura de Mank, así como su choque con un William Randolph Hearst criticado en su guion a través de la figura de Kane. No descubro la pólvora, el filme impacta por su muy cuidada ejecución formal. Una realización prístina y sumamente eficiente de Fincher, en la que cada toma está sofisticadamente mecanizada y permiten saborear en pantalla el excelso trabajo del equipo de Diseño de Producción. El filme se decanta por un diseño sonoro que remite al cine de los 40, y una estética gráfica adecuada a aquellos títulos, donde entra en juego la refinada fotografía en blanco y negro de Erik Messerschmidt, que destaca por su trabajo con la luz solar y su contraste con múltiples sombras (la mayor conexión estilística con Ciudadano Kane). Gary Oldman hace un compacto y exhibicionista trabajo interpretativo, pero las que más convencen son sin duda Lilly Collins y en concreto Amanda Seyfried, que brilla en cada escena en la que participa.

Allí donde Mank cumple con solvencia a nivel técnico, su empaque emocional resulta extremadamente limitado. Es un filme un tanto frío, maquinal, diríase tributario. No nos descubre nada sobre su apasionante tema, como espectadores percibimos monotonía en una historia que debía ser mucho más dinámica. Y su vínculo con el cine clásico es aparente, se queda en la superficial decisión de recurrir al Blanco y negro y a una grabación de sonido concreta. En puesta en escena es un filme eminentemente moderno, con una planificación audiovisual muy distinta a los filmes a los que rinde pleitesía. Era casi inevitable, pero palidece en comparación con el aluvión de propuestas visuales que Welles condensó en apenas dos horas hará ochenta años. En términos cinematográficos es una película de extrema solvencia y oficio, pero no demasiado creativa. Por todo esto, es innegable que hablamos de un más que buen filme, un trabajo compacto y refinado que va de menos a más y que expone el trabajo de profesionales muy versados en el séptimo arte. Pero también una película que podría, y debería, haber sido muchísimo más.

Engalanada, crítica y respetuosa, Mank saca a pasear el saber hacer de Fincher y su equipo y engatusa con la cámara, pero se queda corta al elevar al Olimpo el relato de su padre.

  • Título: Mank
  • Dirección: David Fincher
  • Guión: Jack Fincher
  • Actores: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Lily Collins, Charles Dance, Tom Burke
  • Dirección de Fotografía: Erik Messerschmidt
  • Música: Trent Reznor y Atticus Ross
  • Estreno: 04 de diciembre de 2020 en Netflix 
  • Duración: 132 minutos
  • Web Oficial: https://www.netflix.com/es/title/81117189
  • Nota: 7,3/10

Comentarios

  1. Javier Sánchez

    Se puede ver en portugués e italiano, pero manka el español como lengua vehicular para los que nos perdemos los chistes etílicos del protagonista.

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