Loving Vincent – Los demonios del genio

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Tras un par de meses de olvido, recuperé el favor de la distribuidora Karma Films y la ocasión de este reencuentro y de la asistencia a mi primero de sus pases de prensa fue con un filme europeo que fue por derecho propio una de las sensaciones del cine de animación durante este 2017. Hablamos de la polaca Loving Vincent, primera película de la historia compuesta por pinturas animadas, fruto del trabajo de miles de pintores trabajando a mano con óleos, sobre fotogramas con actores reales, durante varios años. Película que captó interés durante la comunidad digital de mi generación cuando los primeros trailers asomaron en la red durante el primer trimestre del 2017. Y que de aquí a Febrero, y tras un verano con algunos galardones, ha captado la atención de la prensa debido a su mención en diferentes instancias de la recién iniciada temporada de premios. Por lo que, aún sin arder en deseos de verlas, tampoco iba a negar un mínimo interés, por lo que cuando tuve la oportunidad de verla gratuitamente en las pantallas de los Cines Paz de Madrid, pese a venir tras una madrugada toledana, no dudé en aprovechar la oportunidad. Y tras un visionado placentero en el que me entretuve más de lo esperado, disfruté pero confirmando mis sospechas previas. La película fue un deleite sensorial, una hazaña audiovisual alabable, pero también una historia que no pudo evitar irse desinflando en su desarrollo una vez diluida la fascinación inicial. 

Armand Roulin (Douglas Booth), hijo del cartero Roulin, recibe el encargo de su padre de entregar en mano a Theo Van Gogh la última carta de su hermano Vincent (Robert Gulaczyk), fallecido el año anterior. Una vez averigua que este también falleció, decide viajar a Auvers, ciudad dónde vio el fin de sus días, para investigar las características de su muerte entre aquellos que convivieron con él en esta etapa. Contrastando opiniones diversas e informaciones enfrentadas de sus enemigos y cercanos, Armand se sumerge en el mundo interior de un genio incomprendido aquejado de problemas internos. Una película enérgica y ambiciosa, recargada de gravedad adulta y volumen poético en su puesta en escena de personajes, guión denso y montaje raudo. Una película que se mueve sorprendentemente bien en términos técnicos, que inunda nuestro subconsciente con una hermosa música del gran Clint Mansell , y que toca no pocos elementos con enjundia de la naturaleza de Vincent. Una película que, por evidente que sea, no podemos analizar sin detenernos en su aparato formal. Sus pintadas imágenes se sienten cuadros de Van Gogh con vida, con personajes que icónicamente recuerdan otros que pintará el holandés y que el filme cuida de desplazarlos sobre escenarios míticos de la obra del maestro. Una obra que homenajea el artista sin ocultar los claroscuros de su persona, y que nos permite conocerle pese a ser el único personaje que sólo está presente de oídas, a través de recreaciones de recuerdos de otros. Y que pese a destacar por su animación, permite que reconozcamos a los actores que ponen las facciones a los personajes. Una película que no se limita a ser arte museística, sino que pone sus réditos culturales al servicio de una historia. 

Si bien la película destaca por sí sola en tanto prodigio técnico, es evidente también que hubiera sido un filme estándar si hubiese sido interpretado con actores sin ser animado, debido principalmente a un argumento de reiterativa estructura que muestra evidentes carencias a la hora de mantener el interés. Su esquema de escena en tiempo presente, flashback, escena en tiempo presente se torna pesado, y su exceso de exposición verbal que la imagen no enriquece sino subraya va perdiendo nuestro beneplácito según se establece el escenario y personajes, a los que no llegamos a conocer más allá y con los que nunca empatizamos. Pasados los 45 minutos iniciales, el filme, sin ser largo, no es capaz de que su embrollado argumento de múltiples puntos de vista y decisiones expresivas de reducido espectro impidan que el largometraje se nos atragante. En suma, un largometraje que escasea en ingredientes que la hagan duradera pasado el primer contacto. 

Preciosista, poética y pasionalmente tributaria, Loving Vincent es un drama detectivesco que dejará ahítos a los que busquen un gran relato pero que sin duda complacerá al que acuda a la sala de cine. 

  • Título: Loving Vincent
  • Dirección: Dorota Kobiela y Hugh Welchman
  • Guión: Dorota Kobiela, Hugh Welchman y Jacek Dehnel
  • Actores: Animación sobre Douglas Booth, Helen McCrory, Saoirse Ronan, Jerome Flynn, Robert Gulaczyk 
  • Dirección de Fotografía: Animación sobre un trabajo de Tristan Oliver y Lukasz Zal 
  • Música de: Clint Mansell
  • Estreno: 12 de enero de 2018
  • Duración: 95 minutos
  • Web Oficial: www.lovingvincent.es
  • Nota: 7,1/10

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