Los odiosos ocho – Excelencia acomodaticia

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

El provocador e incorregible cineasta Quentin Tarantino vuelve en el 2015 creando una esperada y muy manejada expectación con su octava (de supuestamente diez) película y su segundo western: Los odiosos ocho, a partir de un guión propio filtrado en Internet que a punto estuvo de no ver la gran pantalla por el enojo de su autor. Finalmente no fue así, y en esta ocasión ha devenido en una película en la que su autor ha hecho realmente lo que ha querido, dialogando consigo mismo desde su zona de confort sin ofrecer mayores novedades a sus características estilísticas y temáticas de sobra conocidas. Pero aunque su egocéntrica propuesta pueda granjear el rechazo de los críticos y los aficionados de sus obras más comerciales, el americano parte de la excelencia de un guión bien construido para llevar los elementos integrantes de su cine a la máxima expresión, a través de una historia intrigante de pequeñas dimensiones en las que la grandeza no está tanto en lo que cuenta sino en como se cuenta.

Es este un western que revierte las maneras clásicas. Utiliza el ultrapanorámico formato 70 mm y unos espectaculares paisajes nevados para centrar su historia en ocho misteriosos truhanes encerrados en una mercería bajo la ventisca. Utiliza la forma del western para narrarnos un relato detectivesco de misterios y asesinatos, que cambia de dirección de impredecibles maneras a través de las batallas sin cuartel de esos carismáticos y matizados personajes que no son lo que se nos muestra de primeras, en una batalla que sigue un escalamiento gradual de la violencia verbal a la orgía de carnaza y charcos estilizados de sangre espesa. Aparte de un flash back puntual la trama sigue un inesperado desarrollo lineal, en el que todo se sabe a su debido tiempo y la representación visual del espacio se maneja para aumentar la intriga del espectador, cuya atención se mantiene a través de diálogos brillantes pero igualmente útil para el desarrollo de la trama, que no sería la misma sin el uso que se hace de estos en el manejo del tempo.

El genio Morricone vuelve al western para componer la BSO, algo novedosa en la filmografía tarantiniana. Pero en esta ocasión la notable música no es un agradable ruido de fondo, sino que juega un papel fundamental en la diégesis acompañando a los actores cómo uno más, resaltando la función dramática de los diálogos dependiendo del momento. Si a ello sumamos una portentosa fotografía y una notable dirección artística, sus virtudes compensan sus también visibles problemas: su estructura epistolar resulta innecesaria, así como la ostentosa presencia del cineasta en ambos créditos y físicamente en la propia obra, ejerciendo un rol en la Historia que bien pudo haber sido interpretado por otro. A pesar de concluir con 100 poderosos minutos, los 50 iniciales de planteamiento resultan pesados, y su pausado ritmo y largo metraje pueden provocar puntuales pérdidas de atención.

A pesar de ofrecernos más de lo mismo, el de Tennessee nos ofrece su mejor obra desde Kill Bill (y en esta ocasión no me equivoco al afirmarlo, cómo si hice con la sobrevalorada Django desencadenado), en la que obtiene algunos momentos de alta intensidad y goce cinematográfico (como el cierre del capítulo 3, o todo el capítulo final). Tan divertida como reprobable, pero muy recomendable. 8/10

 

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