La vida de calabacín – Familia remendada

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Por falta de sueño y para preparar mi entrevista a Alberto Rodríguez, decidí prescindir de la proyección de la película animada suiza, posteriormente animada al óscar en esta categoría,  La vida de Calabacín durante el Festival de San Sebastián. A las horas descubrí que me había equivocado, y conforme avanzaron los meses y aparecieron listados me arrepentí más y más de aquella ocasión perdida. Los programadores de la Muestra Syfy tuvieron a bien programarla el sábado por la mañana, pero por motivos laborales tampoco podía acudir a aquella proyección. Pero DeaPlaneta tuvo a bien estrenarla en salas comerciales españolas la semana previa, por lo que finalmente pude encontrarme con esta anticipada películas en las confortables salas de los Cines Renoir. Soy seguidor acérrimo del cine animado, por lo que era inevitable que esto sucediera. Y agradecí mucho que este hubiera sido en una sala de cine una vez concluí la proyección. Y no puedo sino instar a todo el mundo a que lo haga, y que no se dejen influenciar por el aspecto de la película, que erróneamente puede considerarse infantil. Pues esta adaptación de la novela Autobiographie d’une Courgette está protagonizada por crianzas y sólo dura una hora, pero en ella toca con maestría y equilibrio muchas emociones, y se adentra en temas polémicos. 

Icare, quién prefiere ser bautizado como Calabacín, es un niño que vive solitario, recluido en la buhardilla de la casa que comparte con su alcohólica madre soltera, dónde hace todo tipo de manualidades. Tras la muerte de su madre en un desafortunado accidente doméstico, el inspector de policía Raymond le ingresará en un orfanato de niños abandonados o con padres conflictivos. Tras un inicio complicado de adaptación a su nuevo ambiente, formará con los cinco niños (en particular con la sexta, la niña Camille, traumada con el asesinato de su madre a manos de su padre) del orfanato una familia unida en el cariño y la compañía, que sobrellevará gracias a la unión entre ellos su soledad, sus traumas e incapacidad a reintegrarse en la sociedad, en tanto son ya demasiado mayores para la adopción. Un relato de premisa dura que, pese a lo que pueda parecer, no apuesta por un tono lacrimógeno, escabroso o ultradramática, sino que pincela los mayores traumas infantiles con elegancia y no enseñando, sino sugiriendo, dando a entender mediante elipsis o un lenguaje muy medido (sublime la frase Esto es un gallo, en verdad una polluela. La he dibujado porque a Mamá le gustaban mucho las polluelas) temas muy fuertes para una película para niños de manera que estos puedan digerirlos de manera casi imperceptible y disfruten con su humor y colorido, mientras los mayores encuentran en las interacciones entre personajes y en la manera de desarrollar la narración mucho que saborear. Más allá de los aciertos estéticos de su stop motion, la película es en su conjunto una sorprendente balanza: en muy pocos minutos nos deja con ganas de más sin hacernos sentir estafados, puebla sus hermosos escenarios de personajes entrañables y eficaces como grupo, ofrece un pasatiempo fácil y rápido sin ser por ello ligero (incluso se atreve con algunas escenas de acción), y ahonda en los temas más escabrosas sin quedarse en la banalidad ni tampoco adentrarse en el terreno turbio y cargante del panfleto. Todo el mundo necesita amor y compañía, pero más aún estos niños rotos, hijos de inmigrantes, ladrones, psicópatas o drogadictos. Una vez se tengan los unos a los otros toda esa amargura pasará, y la mera idea de abandonar el orfanato, aunque sea para ir a un lugar mejor, será desgarradora para ellos. Es en la familia dónde pueden hallarse los mejores monstruos, pero siempre aparecerá algún alma altruista para aportar luz a la oscuridad. 

Uno de los efectos colaterales de tocar temas tan complejos para la digestión de niños de temprana edad, es su manera de mostrar a los personajes malignos, de un perfil maniqueo para que se entienda a la perfección aquello que no está bien. Y una vez Calabacín llega al orfanato y conoce a Camille, el desarrollo de la trama a partir de ahí es muy grato pero no tan sorprendente. Y vista la eficacia de las partes de acción, bien hubiera agradecido el filme un poco más de esta, y quizá algo menos de relación paternal de Raymond con calabacín. Todo ello, al fin y al cabo, meras minucias. 

Concluyendo, la reducida duración de La vida de calabacín y su aspecto visual invitará a infravalorarla como producto para crías, pero debemos superar este error para apreciar uno de los relatos más sorprendentes del último cine de animación, y una gran película en general. 8/10

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