La mosca – Trágico retrato del deterioro

En 2012, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Tras unas primeras películas de prestigio entre la crítica en las cuales ya se patentaban sus intereses temáticos, el ahora prestigioso realizador canadiense David Cronenberg lograba en 1986 su primer gran éxito de una larga filmografía extendida en el tiempo. Baja el pretexto de renovar un clásico de la ciencia ficción de los cincuenta, «La mosca»nos brinda el conmovedor relato de una historia de amor que llega a su inevitable fin.

Brundle, un excéntrico y reservado científico, muestra a una periodista de manera desinteresada sus experimentos científicos sobre la teletransportación, la cual ha conseguido desempeñar con éxito mediante dos aparatos homólogos de desintegración y reintegración (una especie de microondas gigantes que, conjuntamente con el resto de tecnología presente en el film , el tiempo ha demostrado lo absurdo de su sustento científico). Satisfecho por sus progresos y revitalizado por su éxito amoroso con el personaje de Davis, Brundle decide teletransportarse para comprobar las mejoras funcionales que pueda provocar. Pero la desgracia acudirá de modo casual: una mosca se cuela en la cápsula, y la máquina les reintegra fusionados en un mismo ser. A partir de este momento asistiremos a la progresiva deshumanización de Brundle, el cual asiste impérterrito a su transformación anatómica, pues ambas genéticas son muy diferentes y entran en conflicto. Para su desgracia, la mosca se muestra más poderosa y le domina por completo en el plano físico (foto superior) y parcialmente en el psíquico.

En apenas hora y media se nos cuenta una historia compleja y llena de matices, y un ejemplar crescendo narrativo. Esto se logra mediante una narrativa concisa que escatima en explicaciones: en la primera secuencia ya nos plantean el dilema de la transformación sin presentarnos a los personajes ni los motivos que los llevan a esa cena de gala. Los diálogos son cotidianos, incluso frívolos, salvando las reflexiones científicas de Brundle (las cuales llegan a extremos delirantes en los momentos más perturbadores de su transformación). Pero lo reseñable de esta película es su «mezcla de géneros». Cronenberg da rienda suelta a su particular interés por la carne mediante el horror explícito: la transformación progresiva en mosca mediante despredimientos de apéndices, pústulas y excreciones bucales son terriblemente grimosas y muy logradas, merced a un logrado maquillaje y efectos visuales que el tiempo no ha degradado. Sin embargo, esta película no es sólo una cinta de terror con monstruo. Es más , diría que, ante todo, no es eso. Es un drama humano. Brundle lucha para vencer a la bestia y reencontrarse con Veronica, la cual no puede dejar de amarle y se preocupa por él en lugar de rehuírle con miedo. Los pocos pero muy hermosos usos de la banda sonora de Shore aportan esa atmósfera  de gran tragedia, y no en vano en la última escena lo que sientes no es alivio por la muerte del monstruo, sino compasión por el desdichado Brundle.

Tensa y sobrecogedora, Cronenberg dio al mundo una obra maestra del género.

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