La doncella – La ambivalencia de los puntos de vista

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

En una intensa temporada cinematográfica, Cannes se volvió a ver anegada por una vasta y muy buena cosecha, que se trasladó intacta con un puñado de sus más relevantes títulos a Sitges, cómo es el caso de la última película del maestro coreano Park Chan-Wook, retornando a tierras natales tras el estimulante experimento norteamericano que fue Stoker para filmar una perversa y erótica adaptación de Fingersmith, obra literaria de Sarah Waters. Una película de aromas clásicos y formas del thriller orbitando sobre el engaño, la identidad ubicua y la perversión sexual. Una obra sobria y elegante aunque intensa en su gélida intriga y manejo del misterio, acompañada de la excelencia formal propia del cine de este país. Al igual que El gemido, afronta tabúes en un metraje extenso, y al igual que El demonio de neón, ha ido ganando una creciente comunidad de fans tras una acogida inicial tibia. Y según descubrí, una película fiel al estilo de su realizador pero bien distinta a nivel temático. Las expectativas estaban de nuevo por las nubes, y la visita a la sala de cine era cita obligada y ansiada. Y no podía ser de otra manera. Pues aunque inicie con un primer tercio timorato y aqueje cierto insípidez en su contexto argumental y excesivo regocijo en su vertiente sexual, sus giros argumentales, su ritmo, iconografía, y la excelencia visual con la que está acometida hacen de ella una de las grandes películas de este 2016. 

fullsizephoto720783La muchacha hija de ladrones Sook-Hee es contratada por el supuesto Conde Fujiwara. Sabe de una joven y solitaria muchacha casamentera de señero linaje, Lady Hiseko, que vive con su poderoso tío en una hermoso mansión de estilos arquitectónicos japonés y británicos en diferentes alas, y ha tramado un plan para hacerse con su fortuna que la envuelve a ella. Se hará pasar su la doncella Tamako y entrará a su servicio, ganándose su amistad y convenciéndola para que se case con el falso conde, que la encerrará en un manicomio tras hacerse con sus bienes. Pero la relación que se desarrollará entre ambas mujeres será más intensa de lo que cualquiera podría haber imaginado, resultando descorazonador para ella seguir adelante con la farsa. Pronto averiguaremos que, sin embargo, el plan no es exactamente el planteado, y no todos, engañados o no,  son lo que parecen. Una trama de engaños cruzados y planes ocultos, entrelazados entre sí. Un laberinto de falsas apariencias, avaricia, crueldad y deseo de riqueza. Pero sobre todo, deseo de amar. Y de poseer, entre desatada pasión. Un relato en el que sus tres personajes principales sienten irrefrenable deseo hacia alguno de los otros, a costa de confundir al tercero. Un thriller que acaricia sin reparos el horror desde la figura del perverso tío y sus perturbadas prácticas, liturgias y rituales de narración oral y representación escénica entroncados con la sexualidad más salvaje y tenebrosa, dónde la impredecible figura de su sobrina Hiseko juega un rol capital. Todo ello coreografiado en suntuosos espacio señoriales que esconden sombras tras su impenetrable belleza. La realización de Chan-Wook se prueba soberbia, manejando con extraordinaria soltura los travellings, las grúas y el encuadre para dotar al filme de diferentes puntos de vista, que dota de fuerza al dispositivo narrativo más portentoso de la película: narrar idénticos hechos desde diferentes puntos de vista (los de otro de los tres personajes, que acompaña la narración con su voz en off) y ángulos visuales enfrentados o fragmentos de la misma acción previamente ocultos para retener significados, a lo largo de sus tres partes. Y esta potencia cinematográfica tan bestial no sería posible sin la preciosa fotografía de Chung Chung-Hoon y la partitura de Cho Young-Wuk, que lo mismo narran la elegancia aristócrata de los nobles y criados de principios del siglo pasado que abraza el terror más monstruoso, desde la distancia de las representaciones gráficas y teatrales hasta representaciones físicas más literales. 

Si bien la atmósfera turbia del filme compensa con creces la experiencia fílmica, su inicio, exclusivamente expositivo y carente de la atmósfera malsana y la tensión sexual que seguirá, no presenta idéntico interés, debido en parte a la propia premisa. Y su extenso metraje y dilatado ritmo de narración se sigue con disfrute y facilidad hasta su conclusión, la cual se extiende en demasía y presenta apéndices probablemente prescindibles. Y aunque servidor halló mucho disfrute y coherencia narrativa en su explicidad sexual, con escenas largas e intensas de sexo homosexual femenino y otras tantas de seductora sugerencia, que se tornan fundamentales para describir a los personajes nucleares y las influencias que ejercen los unos sobre los otros, esta incómoda penetración en el área de la polémica y del tabú bien puede ser interpretada como exceso regodeante y prescindible, que tan sólo busca incomodar a la audiencia. Un objetivo que, en sí sólo, es una gran meta. Y en este caso concreto, sólo demuele nuestras convenciones por un fin mayor, la expresión última y salvaje del deseo sexual. 

En definitiva, una película difícil de visitar más de una vez por su ritmo, metraje y elementos argumentales de interés relativo, pero tamaño dominio de la forma, el símbolo y el fondo conceptual por parte de uno de nuestros grandes realizadores hacen de La doncella otra de las imprescindibles de la temporada.  8/10

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