La autopsia de Jane Doe – Contundencia iconográfica

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

También integrada dentro del ciclo Sitges Tour, llegó a las pantallas españolas en el mes de enero otra de las grandes triunfadoras de aquel certamen, ganadora del premio especial del jurado: La autopsia de Jane Doe, segunda película (y primera en inglés) del realizador noruego André Øvredal. Habiendo recibido todo tipo de aplausos, fue inevitable que recayese en ella, pese a su casi inexistente recorrido comercial y la apretada oferta de la cartelera actual. Servidor lleva años reencontrándose con el género de terror, y una propuesta sobria y concisa de terror clásico a priori tiene toda mi atención. Sumado a una premisa peculiar, resumida en un título sorprendentemente conciso, la expectativa era considerablemente alta. Lo cual nunca es recomendable, y en este caso, quizá no por demérito del propio filme, finalizé la proyección levemente decepcionado. Pues la película en cuestión es un filme excelentemente ejecutado, elegante y clásico en su imaginería e inteligente en su desarrollo argumental (si bien parece que recurre a trampas narrativas, algo propio de este tipo de propuestas, todo quedó bien engranado en la conclusión), pero escaso para recibir tanta alabanza mediática. 

Brian Cox og Emile Hirsch i The Autopsy of Jane DoeInvestigando una truculenta escena del crimen, una casa plagada de víctimas sin señales de entrada forzada, la policía encuentra semienterrada en el sótano de esa casa el cuerpo de una mujer joven (una Olwen Kelly de imponente presencia). Una mujer anónima a la que bautizan como Jane Doe. Burke, el jefe de policía, lo llevará durante una intensa noche de tormenta a la morgue Tilden, a fin de que el doctor Tommy Tilden (un excelente Brian Cox) y su hijo Austin (un alucinado Emile Hirsch) hagan una autopsia al cadáver y determinen la causa de su muerte. A lo largo de esa aciaga noche padre e hijo averiguaran que esta desconocida, sorprendentemente intacta por fuera pero con los órganos internos plagados de desperfectos y anomalías, no es lo que parece. Y conforme más conclusiones obtengan, más peligro correrán sus vidas. Un enfoque minucioso y romántico del proceso de la autopsia desde la perspectiva del relato forense televisivo como excusa para adentrarse en un escueto y contundente relato de brujería clásico, iconográficamente reconocible. Una película de terror puro sin recursos fáciles, a la vieja usanza, orgullosa y honesta de serlo ya desde el lenguaje visual. Un filme sorprendentemente corto pero que logra todos sus objetivos con éxito, ofreciendo un producto compacto sin pretensiones ni ambiciones mal ejecutadas (obra y gracia del medido guión de Ian Goldberg y Richard Naing). La fotografía de Romain Osin aprovecha el espacio limitado de la morgue para tejer un estado de tensión constante mediante sus encuadres y la iluminación, aprovechando reflejos inesperados de espejos circunstanciales. Pero si en algo destaca el poderío visual de la cinta, su gran activo, es su representación del pálido cuerpo de Jane Doe y su impenetrable mirada vidriosa, que dan lugar a poderosas imágenes. Pese a no abandonar la mesa de operaciones, abierta en canal, su presencia inunda el espacio, y todas las desgracias y sucesos paranormales que se desencadenan por su presencia se manifiestan a su alrededor sin afectar su impertérrito gesto e inmóvil posición. Es el cádaver menos activo, pero a la vez el más magnético, el que mayor pulsión cinematográfica irradia.

El misterio se desengrana con ritmo y buen manejo del interés de la audiencia, pero sus personajes quedan desdibujados y carentes de empatía, tomando en no pocos casos decisiones y comportamientos estúpidos y propios de un guión terrorífico. La tormenta externa es un dispositivo un poco barato, y las interlocuciones radiofónicas alertantes un motivo más que prueba, subrayadamente, el inadecuado proceder de los Tilden. En esta línea, la caída del generador eléctrico se siente un cliché más, y no es hasta que llega la oscuridad que el filme renace con el manejo de los cadáveres de la morgue y la ambigüedad de realidad y perversiones mentales inducidas por la centenaria criatura. Un ruidoso caos de fin loable pero apresurada resolución, en un desarrollo y clímax que satisfacen en parte las expectativas tras una genial introducción, y cerradas con acierto con un sugerente epílogo.

Visualmente muy suculenta y tonalmente envolvente, La autopsia de Jane Doe se prueba como la mejor película de terror desde los aciertos de Wan y Álvarez, y ofrece un visionado trepidante sin incongruencias ni soluciones risibles, pero dista de ser la gran obra fílmica que muchos ponderan. 7/10

Deja un comentario