Jackie – Fachadas demolidas

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Si tuviese que realizar un listado de los mejores directores trabajando en la actualidad (y espero poder hacerlo en algún momento), afirmo sin temor a equivocarme que el chileno Pablo Larraín, pese a haber sido descubierto por un servidor hace relativamente poco, ocuparía en la misma una posición alta. Sus películas El club y Neruda han estado en mis listados de final de año, por lo que independientemente de la promesa de un gran papel de la estupenda Natalie Portman, Protozoa (la productora de Aronofski) ya contaba con mi interés y Vértigo (su distribuidora en España) con mi dinero. Si bien un biopic americano con opciones en los oscar suele ser propuesta que me repele, tanto Nichols con Loving como el propio Larraín con su obra del poeta chileno me hicieron recapacitar que el filme que nos ocupaba andaría muy lejos de esos derroteros. Y cuando abandoné los cines Ideal pude certificar esa temprana impresión, y constatar que mis expectativas no habían sido necesariamente superadas, pero sí satisfechas. Si bien la presente apenas no llega al nivel de sus dos anteriores filmes, y su ambición temática y formal entra en el terreno de lo farragoso y lo manierista, su reflexivo tono narrativo, su ejecución, implicaciones y el calado de la interpretación de Portman la hacen una de las películas de inicio del año.

Satellite Awards 2016 Mejor vestuario, a cargo de la diseñadora Madeline Fontaine © 2016 Jackie Productions LimitedEstamos en 1963, y apenas ha pasado una semana del trágico asesinato del presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy. Un periodista de la revista Life (Billy Crudup, conciso e incisivo) acude a Hyannis Port a entrevistar a la viuda y ex-primera dama Jackie Kennedy (una enorme Natalie Portman) sobre sus vivencias e impresiones posteriores a ese asesinato que vivió en primera fila y, ante todo, para recabar su opinión sobre el estrafalario funeral, en el que acompañó el féretro a pie de la mano de sus hijos del Capitolio a la catedral de San Antonio. En un relato íntimo y poliédrico (guionizado por Noah Oppenheim, cuyo trabajo es fundamental, en tanto este es para Larraín un filme de encargo al que se incorpora más tarde) se indaga en la figura de una mujer misteriosa e insondable, en desgarradora batalla entre su infeliz yo y el icono que su imagen representa de cara a la sociedad, que la observa y juzga. Un relato incómodo y ambiguo que no abandona a su protagonista, y que fluye de un momento a otro en un estado general de nebulosa hipnosis y áspera introspección, con un marcado expresionismo visual. Un ejercicio en el que el chileno prueba de nuevo su habilidad jugando con las texturas visuales, creando un aspecto granulado que recrea la narración mayoritaria con las recreaciones de imagen de archivo. Cómo sucediera en Neruda, un filme flotante, plagado de offs y reflexiones morales. Un relato poético que no pretende retratar ni emular a la dama, sino reflexionar sobre su vivencia, sus actos y su arrebatadora personalidad a la hora de afrontar su más duro momento, sobre apariencia y realidad, envoltorio y personalidad. No toma sentencia, ni reverencia, sólo mira desde un enfoque y deja al espectador evaluar a través de las dicotomías de Jackie. Su propuesta formal se muestra arriesgada y elocuente, siguiendo a Portman en constante primer plano y haciendo uso del plano secuencia (excelente trabajo del fotógrafo Stéphane Fontaine), que junto a la estridente y genuina banda sonora de la genial Mica Levi dota al filme de un aire bucólico y artístico, tan ficcional como áspero y turbador. Historia ambigua de divagaciones morales en la que, pese al buen trabajo de secundarios como Saarsgard (Bobbie Kennedy), Gerwig (la asistenta de Jackie) o el difunto Hurt (el cura con el que la señorita Kennedy conversa por los jardines), todo está dispuesto para el lucimiento de Portman.

El contrapeso evidente de la apuesta formal tan fuerte de la película es una cierta frialdad y distancia en el tratamiento humano, en una consecuencia de una ejecución en exceso manierista en la que la forma no siempre va de la mano del fondo. Y la cargada narración provoca un clima farragosa que arrastra ciertas secuencias y períodos del relato a un ritmo trémulo, en una propuesta de lectura difícil para el gran público. Pese a todo, benditos contras, pues siempre será más provechoso un filme ambicioso a nivel temático que filmes mejor resueltos pero más planos en sustancia y estética.

Jackie es el tercer producto de una prodigiosa racha artística (El club, Neruda Jackie están producidas en menos de dos años) que, pese a no llegar al excelso nivel de sus predecesoras, ni a triunfar en todos sus frentes, ofrece un buen puñado de elementos para el goce cinéfilo. 8/10

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