Francofonía – Original y dispersa reflexión

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Recibido como un encargo del Museo del Louvre (o, cómo diría él, Luvra), el veterano realizador ruso Aleksandr Sokurov encaró el reto de hacer una película sobre las relaciones históricas entre el museo y el poder y entre las negociaciones para preservar el arte que en él se contiene desde un enfoque nada ortodoxo. Sosteniendo su propuesta en una estructura formal potentísima, el cineasta juega con los límites de la diégesis y el juego visual y textual que dan diferentes formatos de imagen. Pero bien es cierto que tras esta presentación estupenda se halla una reflexión personal algo dispersa y vaga, que toca muchos temas sin profundizar del todo en ninguno. 

El Louvre no es sólo el museo más importante de Francia, sino que ha devenido a lo largo de los años en cuna de la historia y la cultura. Pero el hecho histórico en el que se centra este filme histórico seudo documental es en la negociación que se llevó a cabo entre el comandante alemán Franz Wolff-Metternich y el entonces director del Louvre, Jacques Jaujard, para preservar las obras de arte del museo durante la ocupación nazi. A partir de ahí, la voz en off de Sokurov reflexiona sobre el Louvre como cuna de la cultura y capital de la civilización, y retrata recurriendo a distintos momentos históricos como las luchas de poder y las victorias de naciones e imperios ha ido labrando una colección que representa una memoria histórica que trascenderá al hombre. Un sumario que deja sendas para el análisis muy interesantes, y que se presenta denso en sus implicaciones filosóficas y culturales. Y brilla, ante todo, por su realización y su propuesta audiovisual.  Combina fotografías de época con imágenes de archivo, grabaciones contemporáneas de las calles parisinas o del interior del museo y recreaciones ficcionalizadas, bien del momento histórico del encuentro de los personajes previamente mencionados, bien de personajes disfrazados representando a Napoleón o a Marianne (símbolo de la república francesa) vagando sin rumbo por las vacías salas que captan el tiempo en sus obras. Pero la ruptura de los límites de la realidad y la narración no se detienen ahí, pues también mezclará ambos, bien adulterando planos introduciendo en ellos elementos históricos (cazas), bien enseñando claquetas, bien insertando planos del propio Sokurov reflexionando en su hogar o hablando por Skype, o bien mediante interpelaciones directas del narrador a la audiencia o a los personajes históricos recreados. Y es en la extravagancia de su propuesta formal dónde radican las grandes virtudes de este interesante filme. Todo ello contrastado con la belleza de la dirección artística, la calidad de la realización y de la dirección de fotografía y su inteligente uso del metalenguaje y de las propiedades de los formatos de imagen.

Pero si bien es cierto que el filme es denso, de puro ambicioso se pierde en un metraje tan reducido. Se abren muchos frentes históricos y muchos temas de índole universal, sociológica e inclusive política, pero todo se queda en mero apunte reflexivo de Sokurov. Ninguno de los temas trasciende la opinión y se transmuta en análisis. No se disimula en ningún momento que todo es ficción y representación, por lo que ciertos personajes y sus vestuarios se sienten acartonados. Y ante todo, el filme atraviesa algunos problemas de ritmo (reconocidos por el propio narrador) que su interés textual no consigue paliar. Y al abogar por la extravagancia adolece de momentos de exceso excéntrico (he ahí su absurdo final).

Francofonia es un filme sensible y culto, interesante textualmente y muy talentoso en el apartado visual, pero que ofrece una experiencia más intensa que muchos documentales pero que no llena lo que promete, y una vez conocidas su cartas no suple sus problemas de ritmo. 7/10

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