Expediente Warren: El caso de Enfield – Continuismo y enriquecimiento narrativo

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

En la sesión de clausura del IV Festival de Cine Fantástico Nocturna de Madrid se proyectó en premiere internacional la secuela del excelente filme de terror Expediente Warren, también dirigida por James Wan. Seguimos de cerca un nuevo caso de la pareja de parapsicólogos Ed y Lorraine Warren, personajes que existieron realmente y trabajaron en numerosos casos paranormales documentados. He aquí uno de los más impactantes de su carrera: El caso de Enfield. De nuevo nos hallamos con una película de sustos y casas encantadas en el sentido más clásico del término, pero realizada de la mejor manera posible. Y no conforme con eso, su engranaje argumental más complejo y su manera de continuar temáticas previas la hacen aún mejor que su predecesora. 

Ed y Lorraine Warren son asediados en programas de televisión y planean tomarse un descanso tras el complicado caso de Amityville, cuyas secuelas afectan sobremanera a Lorraine (también médium), cuyas visiones le hacen temer por la vida de su marido. Pero su descanso se verá interrumpido cuando se requiere su ayuda en un caso tan escalofriante como anómalo: Una familia sin padre y con numerosa prole que vive en el norte de Londres son atacados por la noche por la estremecedora e intensa presencia del espíritu de un antiguo inquilino de su casa. Escépticos y sin ninguna evidencia concluyente, la pareja se dirige a Gran Bretaña a escuchar a las víctimas, pero acabarán enfrentándose a una fiera amenaza en un caso en el que las cosas no son lo que parecen. Como puede apreciarse, esta secuela sigue rigurosamente el esquema narrativo de la primera película, pero consigue añadir subtramas interesantes sobre sus personajes y sus relaciones, y da más matices y aporta giros en el proceder del maligno fantasma. Pero las grandes virtudes de este notable filme es la habilidad de Wan de realzar su corriente material con una realización dinámica e inmersiva. Su combinación de travellings digitales y tomas largas con grúa y steadycam logra un producto homogéneo con una fuerza visual superlativa que eleva la intensidad del terror por sí sola, dosificando la tensión simplemente con la selección de encuadres. Su documentada dirección artística, banda sonora y diseño de sonido contribuyen en su máxima potencia a recrear un escenario setentero y a dotarlo de una atmósfera sensorialmente desconcertante a la par que hipnótico, dónde el susto, por gratuito o predecible que sea, funciona. 

Bien es cierto que el filme, tanto como secuela como película de terror, es muy convencional en su concepción, y sigue esquemas y clichés del género. El terror que ofrece es de alta efectividad sensorial durante el visionado pero de poco calado una vez acabado este, pues su arsenal de sustos sustentados en iconografía religiosa carece de calado psicológico real. Y bien es cierto que al abusar tanto de sobresaltos ruidosos y aparatosos, múltiples escenas pueden sentirse excesivas (no sólo de puro inverosímil) y puede provocar rechazo en el espectador más reacio este intento continuo de tenerle inquieto, jugándose para ello más con las formas que con el texto y produciendo en este una sensación de estafa. Con todo, es este un filme que pretende únicamente perturbar al espectador y hacerle disfrutar de dos horas intensas, trepidantes y que atan sin dar tregua para el hastío. Y cumple estos objetivos con nota.

Añadiendo un capítulo más a una filmografía coherente que busca revisitar el género desde sus formas más clásicas de manera desenfadada y enérgica, James Wan ofrece más de lo mismo pero al cuadrado, realizando una apasionante secuela que trabaja sobre lo previamente establecido en la franquicia y la expande hacia nuevos horizontes. 8/10

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