El otro lado de la esperanza – Ácidos refugios

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Del mismo modo que no me entiendo con Hong Sang-Soo, el finlandés Aki Kaurismäki era otra de esas vacas sagradas de la crítica con la que no había encontrado el placer cinéfilo en aquellas dos obras suyas que había visionado. La distribuidora Golem, invitándome al pase de prensa de su nueva película, premiada con el galardón a mejor director en la última Berlinale, me daban una ocasión de oro para unirme al club de adeptos, con una película que atesoraba grandes críticas y un excelente aspecto a nivel superficial. Y desde la distancia agradezco lo afortunado que soy de poder haber disfrutado de esta película con exclusividad. Pues si bien el ascetismo y el humor grotesco de la propuesta indigestará a alguno, nos hallamos ante una gran película, un dramedia social tan hilarante como incisivo y amargo. Cine crítico y duro sin mantener la sonrisa, en una película, pese a su hieratismo, tremendamente humana. 

Khaled Ali (Sherwan Haji) es un inmigrante sirio que desembarca en Finlandia tras un viaje en un barco procedente de Polonia oculto en el alquitrán del compartimento de carga. Wikström es un veterano hombre de negocios finlandés que deja a su mujer y su negocio de venta de camisas para comprar a bajo precio el restaurante La jarra dorada, negocio con plantilla en precaria situación incluida que le acaba brindando pocos beneficios. Khaled pretende traer a su hermana al país, y se quedará en Finlandia aunque sea de manera clandestina. Ambos personajes se acabarán encontrando, y compartiendo escenarios improbables. Cine social de humor negro, no exento de una importante carga dramática debido a su elección temática. Una película de personajes emocionalmente o económicamente pobres, presos de un ecosistema tan próspero como sórdido. Una película modesta y parca en palabras, pero vasta en sus implicaciones emocionales, logrando calar hondo con sus pretensiones tonales. Su estilo visual, de planos medios a cámara, y montaje rápido de planos hieráticos pero centrados en la acción, que no dudan en cortar a medias tras el elemento de interés producido, ofrecen suficientes elementos de interés para la retina cinéfila aún desde la modestia, ofreciendo además un rico y contrastado trabajo cromático (buen trabajo de Timo Salminen). Y el otro elemento audiovisual que dota a la película de una alegre frescura es su uso de temas de country finlandés intradiegética como banda sonora, que sigue una función costumbrista de ambientación que enriquece la dirección artística pero también aporta humor y esperanza, dejando al espectador en todo momento en una grata sensación agridulce, sonriendo mientras sufre por la precariedad del porvenir de los refugiados en una Europa desangelada. Y gracias al excelente trabajo de guión del finés consigue que nos emocionemos con unos personajes no necesariamente simpáticos gracias a sus chispeantes diálogos. Y es en definitiva asombroso que se hagan propuestas así, lamentablemente escasas, pues hacer cine social dramático es fácil, pero hacer retrato crítico de la precariedad sin perder el humor es muy difícil, y el veterano realizador lo logra con nota. 

Como en otras obras del finés, la inexpresividad de sus actores y el sórdido cutrerio de sus escenarios puede sacar de la ficción al espectador exigente. La frialdad de estas gentes epatará al espectador ajeno a esta cultura, y su sencilla propuesta visual decepcionará a aquellos cinéfilos que estimen la virguería técnica como requisito imprescindible para una gran película. Y si bien la película no se detiene en cuanto a la acción y el desarrollo argumental, el espectador poco acostumbrado a los ritmos trémulos tendrá problemas para digerir ciertos tramos del metraje. Pero en casos como estos, basta con entrenar la mirada. Ya que pese a la universalidad de los temas afrontados, las características nacionales de cada cinematografía suponen siempre una leve barrera para el foráneo. 

Aunque parca a nivel visual, la contención formal de Al otro lado de la esperanza sigue una elección tonal muy lograda, brindando un conjunto tan dramático como divertido, necesario socialmente y rico a nivel cultural y costumbrista. 8/10

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