El gran gigante bonachón – Oda a la inocencia

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Casi cincuenta años de exitosa trayectoria cinematográfica son suficientes para que cada nueva obra del maestro Steven Spielberg despierte, cuanto menos, nuestra curiosidad. Más aún teniendo en cuenta que sus dos últimas obras, Lincoln y El puente de los espías, han sido notables. Además, el cambio de tono hacia un cine familiar de tinte mágico, que aún habiéndolo abandonado en la última década ha probado sobradamente mucha mano en su ejecución, para adaptar un clásico infantil cómo es El gran gigante bonachón del también gigante Roald Dahl, previamente adaptada al cine, despertaba un nada desdeñable interés. Es por ello que me acerqué a ella sorprendido por el tibio recibimiento comercial y crítico que ha recibido. Y, aún siendo razonable teniendo en cuenta la época en la que vivimos, me entristece enormemente que así haya sido. El filme que nos ocupa no revoluciona a nivel argumental, dónde opera en terrenos ya recorridos, y sus poco memorables personajes, sencillez narrativa y breve duración contribuyen a su impopularidad, y su tono inocente y bondadoso no haya cabida en estos tiempos nihilistas, pero esta fiel adaptación magníficamente ejecutada es una buena película, visualmente espléndida, honesta y con gran corazón.

maxresdefaultSophie (la entrañable y nada irritante Ruby Barnhill) es una niña pequeña y sola que vive en un ofranato, dónde no puede dormir de madrugada. Espera mientras duermen a que llegue la hora en que salen los espíritus. Y una noche, a las tres de la mañana, descubre un gigante (un portento de la imagen digital, actado y gesticulado por el talentuoso Mark Rylance). Habiendo sido descubierto, este no puede arriesgarse a que la infanta (no hija de reina, sólo niña) revele el secreto de su existencia, por lo que la rapta y se la lleva al distante país de los gigantes. Allí se hallará retenida en un inmenso hogar, a resguardo del resto de enormes y carnívoros gigantes y acompañado por un gigante bonachón tan víctima de sus congéneres como ella que come viscosos pepinos, bebe bebidas gaseosas con burbujas invertidos y captura sueños, entes vivos de intensas luces y colores que guarda en tarros y sopla a los humanos por las noches. Tras su primera reacción maravillada, Sophie se indignará al ver la vida de maltrato a la que el gigante bonachón está sometido y a la cual no pone remedio, y tramará un plan para acabar con estos patanes devoradores de judías (un juego de palabras en el idioma original con la peculiar pronunciación del gigante) humanas de una vez por todas. Una traslación literal, escena por escena, del clásico de Dahl. Y en definitiva, un relato sencillo, rápido y ameno. Una película para infantes, positiva, ligera, y de claro tono narrativo no realista. Y analizado en esos parámetros, el filme cumple con creces. Nos introduce a dos protagonistas simpáticos y , con la ayuda de la siempre competente  nos induce sin preámbulos en el tiovivo de la fantasía, narra con presteza escenas de humor, de ternura y de acción, y visualmente gratifica gracias a la fotografía del habitual Kaminski y el buen hacer del equipo de Weta, que brinda espectaculares efectos visuales en la recreación de gigantes y escenarios. La bondad que transpira el filme no es empalagosa, sino inocente y sincero, y su escasez de ambiciones narrativas se salda con unos objetivos emocionales logrados con eficiencia.

La película presenta, por otra parte, unos secundarios carentes de peso o interés, y una horda de gigantes malignos tremendamente plana. Y el humor que ofrece, sobre todo en su segunda mitad, que varía de escenario y planteamiento argumental, es bobo y simple. Y esta nueva colaboración con Mathison no supera en nada a la anterior (E.T.), mostrándose en esta ocasión muy simple en la realización, más allá de largas tomas circulares de ensamblaje digital y demás florituras de ordenador, y sin el pulso cinematográfico de aquella, plagada de escenas de acción planificadas con mimo. 

Película tal vez volátil, sin las suficientes dosis de magia para embaucar a las masas de hoy, que demandan otro tipo de productos, pero para todo tipo de cinéfilos que apreciemos el buen hacer de Spielberg siempre recordaremos con cariño esta hermosa perla, película nacida en el tiempo equivocado que ejemplifica una vertiente más del clasicismo cinematográfico que practica su padre. 7/10

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