El cuento de la princesa Kaguya – Poética tragedia de una vida

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Tras anunciar en 2013 su, de momento, definitivo cierre, llega a España una de las últimas películas del portentoso Studio Ghibli. Tras El viento se levanta, de Hayao Miyazaki, es ahora turno del otro maestro fundador: Isao Takahata. Penúltima película del estudio (El recuerdo de Marnie ostenta este dudoso honor), esta obra ha supuesto un esfuerzo ímprobo de su equipo creativo a lo largo de ocho años, tristemente recompensado en la taquilla internacional (obtuvo unos números muy por debajo de los mayores éxitos comerciales de la compañía). Lo cual es una tremenda injusticia, pues este filme atesora demasiada calidad como para que pase desapercibido. Bien es cierto que su ritmo y excesivo metraje harán difícil un segundo visionado, y que en búsqueda del drama nos ofrece algunas escenas forzadamente lacrimógenas o de llanto fácil, pero su exquisita animación y su hermosa historia hacen de este un filme notable.

Un campesino recoge un día en el bosque a una diminuta princesa nacida de un tallo de bambú. Fascinados por la belleza de esta jovencita de acelerado crecimiento, sus campesinos padres adoptivos deciden luchar para darle la vida de princesa noble que se merece. Por tanto se desplazarán a la ciudad y se instalarán en un palacio, dónde procurarán una firme educación regia para su hija, a la que darán el nombre de Kaguya y buscarán pronto un marido para ello, recibiendo en su morada a poderosos pretendientes. Pero aquello que sus padres ofrecen a Kaguya consigue el efecto contrario al deseado: al alejarla de los bosques de su infancia y sus amigos cazadores, Kaguya pierde la alegría de vivir al verse retenida entre suntuosas paredes y sin poder correr o reír. Un interesante relato que adapta una leyenda popular japonesa, y que es presentado sin escatimar en intensidad dramática ni en el cuidado en los detalles escenográficos. Destaca su costumbrismo y realismo en la escenificación de los espacios rurales y palaciegos, así como su delicada recreación de la naturaleza y de los animales que la pueblan. Su primorosa banda sonora y su excelente animación artesana, de grafía sencilla y manual, hacen del visionado del filme una experiencia poética y placentera. 

Esta tragedia para todas las edades ofrece por momentos la dureza propia de Takahata (recordemos la desoladora La tumba de las luciérnagas), resultando quizás innecesario en tan sutil narración. Como otras obras del estudio, fuerza en exceso los momentos lacrimógenos, recurso efectivo pero obvio. Y por último, la cinta adolece de un metraje excesivo y de un ritmo pausado, ya que si bien es cierto que se recorren muchos años de la vida de Kaguya el paso de una escena a otro no es todo lo fluido que pudiera, y algunos instantes se hacen reiterativas, aún más si conoces este tipo de cine.

Sin estar a la altura de las grandes obras de Miyazaki, y aunque aparenta no tener un buen factor de revisionabilidad, El cuento de la princesa Kaguya es una de las mejores películas de lo que llevamos de 2016, y la mejor película del clausurado estudio japonés desde Ponyo en el acantilado. 8/10

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