El año del descubrimiento – Abriendo las puertas del abismo

En 2020, Cine, Críticas por Néstor Juez1 Comentario

Es difícil decirlo revisando la cobertura que se ha hecho en esta web durante los últimos 8 años, pero servidor tiene un aprecio especial por el cine documental. Es siempre complicado y muy anómalo que grandes documentales se abran camino hacia las salas comerciales, y en no pocas ocasiones grandes obras del género pasan bajo el radar. Encontramos un panorama diferente, afortunadamente, con la no ficción patria, que en los últimos años se ha mostrado en plena forma dejando poderosos exponentes. A falta de que llegue el momento álgido de nuestra temporada de premios, no es descabellado afirmar que el aciago 2020 ha sido un año mucho mas jugoso en el audiovisual español en las coordenadas del documental que en las de la ficción. Y en cuanto a documentales, hay un título que ha acaparado todo tipo de loas y aplausos. Un trabajo ambicioso de grandes proporciones que se presentó en el pasado Festival de Rotterdam y también compitió en la Sección Oficial del pasado Festival de cine europeo de Sevilla, donde se hizo con el Gran Premio del Jurado. Una obra apoyada por la ECAM y distribuida por Begin again y que, aunque en pocas salas y en horarios muy reducidos, tenemos disponible en salas españolas: El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco. Un filme que acudí a ver tan pronto como fue posible, y que no puedo sino recomendar con fuerza a todos mis lectores. Una obra catedralicia poderosa a nivel cinematográfico, humano, político y social, que superó ampliamente toda expectativa que pudiera tener. Un filme extraordinario. 

España vivió un año de profundos cambios, progreso económico y expansión internacional en 1992. Punta de lanza de estas políticas aperturistas y ambiciosas del gobierno fueron la Expo de Sevilla y los JJOO de Barcelona. Mientras tanto, en Cartagena se cerraban fábricas e industrias y se dejaba a centenares de trabajadores en las calles. Una tensa situación que se tornó insostenible, que sólo captó la atención de los medios cuando el conflicto estalló en las calles. Una ambiciosa obra que parte de un hecho histórico de Cartagena para reflexionar en un tono crítico sobre el rumbo que ha tomado la sociedad española en los últimos treinta años y para diseccionar los polvos que han conducido a los presentes lodos de precariedad laboral y crisis en el tejido empresarial de nuestro país. Y lo hace a través de la palabra, dejando conversar a los ciudadanos. Durante tres horas, confinados en los límites de un bar de Cartagena y con el permanente recurso de la pantalla partida, asistimos a fragmentos de variadas conversaciones entre cartagineses de todas las edades, recordando los hechos sucedidos y reflexionando sobre la compleja situación que generó. A través de este atractivo dispositivo, que en ocasiones ofrece interesantes conversaciones entre sendas imágenes paralelas, y del toque atemporal de utilizar una textura de imagen de archivo e imágenes de noticiarios de la época (lo cual nos mantiene confusos durante los primeras secuencias, haciéndonos dudar de si acaso estamos viendo secuencias grabadas en los 90), asistimos a un apasionante, completo y amargo retrato de la España del ayer y del hoy. Un viaje emocional que nos revuelve e indigna y que es tanto una confesión sincera como un acto político, un grito al cielo alto y claro. Una sucesión de testimonios desnuda y profunda, que haciendo uso de los resortes del documental no sólo exhibe un músculo envidiable para construir un relato cinematográfico, sino para capturar con meridiana precisión la esencia española y la identidad inconfundible del trabajador humilde que seguirá luchando por sus derechos y por una vida digna. Un documental colosal. 

Todo filme de metrajes que se extienden más allá de las tres horas se van a enfrentar siempre al desafío de mantener el interés durante muchos minutos y trazar un tempo homogéneo, sabedores de que será inevitable que se produzcan momentos de decaída. El tempo de esta excelente película es prodigioso, fluye de manera orgánica y como espectadores habríamos continuado con interés el visionado otras tres horas más. Sin embargo, es innegable que hay tramos menos logrados. Corresponden a un espacio de 15 o 20 minutos en el que un grupo de jóvenes reflexiona en tono derrotista de su situación actual, y un epílogo extendido con monólogo de un sindicalista. Instantes que resultan menos convincentes que el resto de la obra porque se alejan de la tesis, se detienen a recrearse en un discurso lastimero mas generalista de sobra conocido y mucho menos rico a nivel conceptual. Pese a ello, no me malinterpreten, se trata de buenas secuencias. Y allí donde la pantalla partida brinda una dialéctica jugosa en la primera hora, cuando entramos en el relato del cierre de fábricas se abandona, dejando habitualmente una de las dos mitades de la pantalla en negro. Apenas unas minucias que sirven como flaquezas menores de una obra magna. 

Avasalladora, poliédrica, comunitaria y extremadamente humana, El año del descubrimiento es un documento de nuestra historia reciente de valor incalculable, y una película imprescindible. 

  • Título: El año del descubrimiento
  • Dirección: Luis López Carrasco
  • Guión: Luis López Carrasco y Raúl Liarte
  • Actores: Documental
  • Dirección de Fotografía: Sara Gallego
  • Música: Sin determinar
  • Estreno: 13 de noviembre de 2020
  • Duración: 200 minutos
  • Web Oficial: https://beginagainfilms.es/el-ano-del-descubrimiento/
  • Nota: 8,2/10

Comentarios

  1. Javier Sánchez

    Liarte es fácil con este tema tan complejo, pero Néstor lo explica muy bien y Carrasco lo borda.

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