Detroit – Potencia didáctica

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Desde hace casi una década, la realizadora norteamericana Kathryn Bigelow está atravesando una excelente racha creativa. Tras hacerse un nombre en los 90 con el redescubierto clásico de acción Le llaman Bodhi y filmar un puñado de thrillers, enamoró a audiencia y crítica con la oscarizada e interesante película bélica En tierra hostil, y se superó a sí misma con la apasionante La noche más oscura, enfocada en la lucha contra el terrorismo islámico. Tras tres años de espera llega su nueva película, de nuevo a partir de un guión de Mark Boal: Detroit, basado en el incidente del Algiers Hotel durante las revueltas de la 12th Street de la ciudad homónima en 1963, del que ahora se cumplen 50 años. Las primeras críticas eran muy positivas, pero si bien acudí a los cines de Covent Garden con poco escepticismo, lo hice con moderado entusiasmo. Las dos obras previas habían sido netamente sobrevaloradas, y el oportunismo político que subyace bajo esta nueva hornada de cine racial no acaba de ser de mi agrado. Pero la épica e intensidad del filme que me iba a encontrar eran absolutamente impredecibles, y pese a no tener la mejor predisposición me sedujeron con voracidad durante el implacable visionado, trepidante y demoledor. Si bien sus perspectivas maniqueas, su desarrollo narrativo no ajeno a convencionalismos y su regodeo escabroso pueden desagradar a los más críticos, la veracidad con la que se recrean los hechos y la magnética intensidad con la que está filmada y montada transforman Detroit en uno de los filmes más impactantes del año. 

Durante días convulsos de julio de 1967, las calles de Detroit se convirtieron en un escenario de batalla campal entre la comunidad afroamericana y las fuerzas del orden, mayormente blancas. Amotinamientos, revueltas armadas y tiroteos en escenarios civiles se mantuvieron durante crudas semanas por conflictos raciales. La brutalidad policial, agresora con impunidad social, alcanza cotas sin precedentes, y el caos llega a una situación de alarmante foco nacional tras la refriega, y su posterior juicio del Motel de Algiers, dónde los muchachos del grupo de R&B The dramatics, unas muchachas blancas y unos pocos pandilleros de color son víctimas del maltrato policial y la redada más brutal por un tiroteo inofensivo y la búsqueda de un arma inexistente. Un drama social de acción y recreación histórica que nos reencuentra con turbios pasados y ejerce docencia terapéutica a la vez que deleita con 140 minutos de relato sin aliento. Un retrato fidedigno y respetuoso de una época, una población y un sentimiento comunitario y cultural muy específico. Un ejemplo más de cómo el ser humano es el peor enemigo de sí mismo, y todavía estamos cerca de unos días de oscuridad y desprecio de los más básicas normas de respeto e integración. La cámara de Bigelow, que escoge un estilo realista de cámara en mano temblorosa de corrección constante de encuadre y zoom, impregna a la película de una visceralidad sudorosa (el grano de la fotografía de Barry Ackroyd consigue dar a la película una pátina visual que la hace parecer filmada en la década de los sucesos que recrea), la música capta el espíritu del momento y la excelente dirección artística hace que la película se sienta muy real, llena de actores llenos de carisma y profundidad pese a no tener un exceso de tiempo dedicado a cada uno. El filme presenta un par de líneas narrativas, pero no se encomienda tanto a narrar una historia exhaustiva sino a recrear con explosividad unas horas asfixiantes en una larga secuencia agobiante. Y el equipo creativo logra sus objetivos con entereza. 

Si el éxito emocional y formal del filme es innegable, puede ser denostado por las elecciones de su perspectiva narrativa, el enfoque de la brutalidad, su reiteración o duración. Apenas se enfoca en dos momentos, y casi la mitad de la película es una única escena de intenciones claras que explicita la violencia de una manera obvia y nada sutil, subrayando un mensaje emocional y una perspectiva narrativa de buenos y malos simplista. Como todo biopic, recurre a la exaltación y a la épica fácil, pero los registros de la misma exceden en tanto lo esperable que estamos dispuestos a perdonar estos recursos. Y el desarrollo del filme no presenta un gran interés más allá de la ejecución fílmica del mismo, y su rumbo no sorprende a nadie. Es un filme demasiado largo, pero se digiere sin problemas. 

Espectacular, brutal, elocuente y reivindicativa, Detroit es una película efectista y meliflua, pero tremendamente potente, trepidante y desoladora, que hará pasar a la audiencia un gustoso mal rato. 7,8/10

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