Chi-raq – Aristófanes rapea a la libertad

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

El veterano realizador afroamericano Spike Lee, otrora muy aplaudido y relegado al olvido en el nuevo milenio, ha dedicado más esfuerzo a los documentales en esta década, y n0 entregaba un filme notable desde la lejana Plan oculto. Pero la espera ha llegado a su fin. Y ha sido con una extravagante adaptación de la comedia de Aristófanes Lisístrata, puesta al día en las convulsas calles de Chicago. Una obra teatral puesta en forma cinematográfica con irreverencia formal. Y el resultado, no exento de defectos, es brillante. 

brody-lees-necessary-overwhelming-chi-raq-1200En los barrios obreros de Chicago, como en las convulsas calles de Iraq (de ahí el nombre metafórico del filme), campa la violencia entre la población afroamericana, y gentes inocentes mueren por doquier. La justicia hace oídos sordos de estas batallas campales entre bandas de mafiosos y pandilleros rebeldes. Ante esta impotente situación, Lisístrata (una explosiva e imponente Teyonah Parris), novia indignada del cabecilla delincuente Demetrius, apodado Chi-raq (el rapero Nick Cannon, enfrentado a un distendido Cíclope interpretado por Wesley Snipes), decide tomar medidas para revertirla mediante una revuelta imparable: una huelga de sexo de las mujeres hasta que se detengan los conflictos armados. Tras el escepticismo inicial, la comunidad fémina se une paulatinamente a la iniciativa, creando un tremendo revuelo social entre hombres y gobernantes. Una adaptación contemporánea de una comedia griega que capta a la perfección el espíritu de las barriadas marginales norteamericanas y el hip-hop. También aquí se habla en verso, pero estos hombres y mujeres, acorde al escenario, rapean. Y como obra de intenciones no realistas, mantenemos la figura del narrador, un payaso Dolmedes interpretado con desparpajo por un Samuel L-Jackson que interpela directamente al espectador. Y la experimentación formal continua con el uso nada ortodoxo del grafismo y el acompañamiento constante de una base instrumental y un fondo musical que apela directamente a la tragedia. Pero más allá de lo fresco o divertido que resulte el envoltorio, pues el contenido clama libertad y paz y pide a gritos la igualdad con hondura y carga dramática. El conjunto de subtramas cimentan el cuerpo narrativo de alegato anti-violencia, reflejada en paisajes urbanos desolados y jóvenes madres que asisten al asesinato de sus niños (Jennifer Hudson, aliciente por su cuenta de revueltas urbanas lideradas por un cura blanco interpretado por John Cusack, responsable de incendiarios y enérgicos sermones). Esta enérgica obra apuesta por el goce inmediato de su audiencia, y lo logra gracias a una gran labor de su equipo técnico, con el fotógrafo Mathew Libatique, el compositor Terence Blanchard, el diseñador de producción Alex Digerlando y los montadores Denmark y Mee Na a la cabeza (una realización de hermosos y expresivos planos de situación, elegantes travellings, hábil uso de grúas y edición expresiva y rauda), y de su inspirado y motivado equipo artístico. Un filme musical que logra establecer su propia poética. 

Si bien el tono está logrado, y el humor cala, en no pocas escenas toma un cariz en exceso grotesco, y cuya tosquedad lo acercan peligrosamente a la caricatura. Y más allá de su relato o contenido temático, el valor más elevado de la película es su dispositivo formal. Y una vez superada la sorpresa inicial y todas las cartas quedan descubiertas, la adaptación al nuevo ecosistema resta el impacto del mismo, y la totalidad del filme no superan la deslumbrante seducción del primer cuarto de hora de su metraje. Y la condición de constructo ficticio denotadamente no realista le restan enteros como producto de calado social y puede ser relegado a película de divertimento, siendo mucho más que eso. 

Macarra, social y sensual, el último filme de Lee recupera todas sus virtudes como cineasta, y nos invitan a reflexionar sobre las crisis sociales de nuestro tiempo mientras que nos entretiene con buena música, buen teatro y cine vibrante y libre. Imprescindible. 8/10

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