Capitán América: Guerra Civil – Habilidoso malabarismo impersonal

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Plantearé esta reseña no tan sólo como una crítica de la tercera aventura del Capitán América y decimotercera película del Universo Cinematográfico de Marvel (precedida por Iron Man, El increíble Hulk, Iron Man 2, Thor, Capitán America: El primer vengador, Los vengadores, Iron Man 3, Thor: El mundo oscuro, Capitán América: El soldado de invierno, Guardianes de la galaxia, Los Vengadores: La era de Ultrón y Ant-man) sino también como una reflexión de los problemas que aqueja esta franquicia, ya presentes en La era de Ultrón. 

Tras triunfar con El soldado de invierno, segunda película del Capitán América y sin duda la mejor película proveniente de esa vasta franquicia transmedia que es el MCU (aquellas películas de Los Vengadores o protagonizadas por cualquiera de sus personajes), los hermanos Russo regresan con el cierre de la trilogía del Capi. La cual funciona a su vez como una secuela directa de la segunda entrega de Los Vengadores (sólo Hulk y Thor se ausentan, presumiblemente extraviados en el espacio exterior dónde vivirán las aventuras que veremos en Thor: Ragnarök), lo cual se antoja idóneo para que muestren sus lides como realizadores a cargo de los episodios mastodontes de la franquicia, pues pronto se pondrán manos a la obra con el díptico de Los Vengadores: La guerra del infinito (llamada a concluir la fase 3 y cerrar la etapa iniciada con el Iron Man de 2008) debido al abandono de Joss Whedon por diferencias creativas con la empresa de Feige tras la decepción comercial y artística que fue La era de Ultrón. Y lo cierto es que en comparación con aquella (a la que se parece mucho más de lo que se reconoce públicamente), Guerra Civil sale victoriosa en todos los sentidos. Las secuencias de acción están mucho mejor filmadas y resultan más memorables, los conflictos personales están mucho mejor desarrollados, las múltiples subtramas están muy bien balanceadas, las escenas dramáticas muy logradas y, en definitiva, los (excesivamente) numerosos elementos del cóctel bien maridados. Pero bien es cierto que, aunque nada chirría, muchas cosas son prescindibles, el filme sufre de ser un eslabón transitorio más de una larga cadena y, en definitiva, resulta impersonal en comparación con El soldado de invierno y pierde la sustancia que antojaba en su inicio al querer combinarla con divertimento ligero dirigido a los fans, resultando un filme demasiado medido.

Los Vengadores intentan detener el robo de un arma biológica en Lagos a manos del villano Brock Rumlow, pero en el proceso un desafortunado accidente fallecen muchos civiles. Este evento se tornará en la gota que colme el vaso, por lo que los dirigentes políticos crean los Acuerdos de Sokovia, un documento según el cual Los Vengadores sólo podrán actuar al servicio de las Naciones Unidas cuando sean requeridos. Quedando, si se niegan a firmarlo, al margen de la ley. Tony Stark, resentido por las consecuencias de sus actos (las desgracias que causó creando a Ultrón, los efectos nocivos de las armas que construye como ingeniero, los peligros que ha causado involuntariamente a su amada Pepper Potts), pretende redimir su conciencia aceptando el acuerdo. Steve, que viene de descubrir como la Nazi HYDRA llevaba cuarenta años trabajando a la sombra de S.H.I.E.L.D, desconfía por experiencia propia de las agendas ocultas de las instituciones políticas, por lo que rechaza el acuerdo. Esta divergencia, junto con los conflictos aparentemente causados por Bucky, amigo de Rogers recuperándose de su amnesia tras décadas como Soldado de Invierno al servicio de Hydra, considerado por tanto enemigo público por sus compañeros y los estados, desembocará en un conflicto entre ambos personajes, lo que llevará al resto de superhéroes a elegir entre ambos bandos. Además, tenemos un plan oculto tramado por un nuevo villano y la introducción de Pantera Negra y el nuevo Spiderman, que pronto contarán con filmes propios. Y todo está bien «argamasado», de modo que nada se siente muy forzado, pues el conflicto emocional de los personajes se sostiene. Su trepidante ritmo hace que las dos horas y media de metraje no agoten, la realización y montaje de las secuencias de acción resaltan su espectacularidad, y el hecho de contar con doce películas previas permite dotar de muchos matices a los tramas y a unos ya construidos personajes.

A pesar de ser emocional y dramática, ofrece un visionado ligero. Y toda narración pensada para avanzar futuras películas se sienten orgánicas dentro de esta que nos ocupa. Pero una vez más la avaricia rompe parcialmente el saco, y demasiada carne puesta en el asador no se digiere cómo es debido. Aunque se pretendía una secuela de Capitán América, acabamos obteniendo una película de los Vengadores. Igual que hay drama, algunos momentos de adversidad resultan forzados. Si bien Spiderman está muy bien representado e integrado, pero esta película no le necesitaba. Tampoco al bromista Hombre Hormiga, ni la entretenidísima escena del aeropuerto, capítulo intermedio planteado como extravaganza de cara a los fans. El conflicto con el Soldado de invierno tiene fuerza, pero sus cambios de conducta se sienten muy repentinos, y el procedimiento que usan los dirigentes siberianos de Hydra para sus lavadas de memoria no puede ser más hortera (que absurdo resulta seguir encontrando hoy en día demonizaciones de lo soviético en el cine americano). El interesante personaje del Barón Zemo, interpretado tristemente por Daniel Brühl, se siente diferente al villano marvelita al uso, pero también es prescindible. La tensión sexual de Sharon Carter, inesperada sobrina de «Peggy» Carter (primer y gran amor de Steve) con el Capi no puede ser más gratuita. Y, en definitiva, tras un portentoso y hondo comienzo la película decae y sólo recupera su calidad emocional en algún momento puntual y, ante todo, en el magnífico clímax en Siberia tras una sorprendente revelación. Pero este filme, filmado con mucho menos estilo que El soldado de invierno, adolece de los grandes problema de las películas grupales de esta saga (de los cuales propuestas como Ant-Man o la futura Doctor Extraño se salvan): la saturación y la falta de frescura. Ver a muchos superhéroes juntos ya no sorprende a nadie, y los responsables de estas películas están tan maniatados creativamente para integrarse en la narrativa global, tanto rindiendo homenaje a las anteriores como preparando las próximas películas de la cadena, que se termina descuidando la película presente, de modo que esta entretiene pero al ser endeble por falta de tiempo para desarrollarse, nos presenta una historia que en última instancia es como si no hubiera sucedido. 

Capitán América: Guerra Civil deja atisbos de esperanza de cara a lo que está por llegar, y ofrece un estupendo espectáculo de buena factura, pero su maridaje de seriedad con esparcimiento nos dejan un filme de poca carga y, como capítulo serializado de una cadena, impersonal. 6/10

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