Breve encuentro – La irrealización del amor

En 2012, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Antes de triunfar en Estados Unidos con superproducciones de la calidad de «El puente sobre el río Kwai» , «Lawrence de Arabia» o «Doctor Zhivago», el talentoso director británico David Lean ya había consolidado una valiosa filmografía en su país de origen mediante obras más modestas en cuanto a presupuesto pero de igual calidad a las previamente mencionadas. Su primera obra maestra, con la cuál se dio a conocer a nivel mundial, es la inmortal «Breve encuentro», una breve pero intensa obra que probablemente sea una de las mejores películas románticas de la Historia del Cine.

Laura es una mujer de mediana edad, casada y con hijos, que cada jueves pasa por la estación de trenes al hacer un trasbordo. Un día conoce de casualidad a Alec, un doctor joven y apuesto. Sin desearlo ni pretenderlo surge entre ellos, instintivamente, el amor, fruto de una irrefrenable química y de una gran afinidad. Sin embargo su pura relación no podrá llegar a buen puerto, ya que Laura se encuentra en buena situación y no se cree capaz de destruir su vida por una locura repentina de impredecible futuro, y tras cuatro Jueves de encuentros fortuitos Alec decide viajar a África por motivos laborales, cerrando así lo mejor que a ambos les había pasado en sus respectivas vidas.

67 años después la película sigue estando de rabiosa actualidad, gracias a la visionaria concepción que Coward (guionista) primero y Lean después ofrecen de las relaciones amorosas e infidelidades, terriblemente progresista y adelantada a su tiempo. La grandeza de la cinta radica, más allá de un gran guión que mediante una sencilla trama consigue no sólo transmitir las más puras sensaciones sino realizar una avezada crítica de la prisión a la que la sociedad y las convenciones sociales someten al individuo mediante inteligentes frases y un hábil retrato de secundarios (todos realistas y entrañables, destacando al marido de Elena, que aunque conviva con ella resulta un auténtico extraño) , en la gran interpretación de sus protagonistas, que sin ser guapos ni especialmente atractivos logran crear unos personajes completamente entrañables. El otro gran acierto de la cinta reside en el perfecto dominio del lenguaje cinematográfico (los encuadres resaltan determinados aspectos de la acción y sin duda influyen en el significado de la historia), el cuál se combina con la herencia teatral, presente en la construcción de los diálogos, y el factor más interesante y , a su vez revolucionario, se encuentra en la narración: La historia se nos muestra desde la perspectiva de Laura, que narra la historia en voz en off dirigiéndose a su marido, de modo que la película pareciera un diálogo entre ambos, la cuál se va construyendo a través de la rememoración y ordenación mental de sucesos de Laura. Además, el uso del genial Concierto para Piano número 2 de Sergei Rachmaninov cómo única banda sonora ejerce de hábil contrapunto.

Preciosa y humana, sin duda nos econtramos ante uno de los mejores relatos sobre la explosividad e irracionalidad del amor, y ante una gran película.

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