Blanco en blanco – Deseo y escarcha

En 2020, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Servidor intenta clarificar y despejar el panorama de estrenos cinematográficos patrio en un momento en el que el panorama se halla brumoso e incierto. Ahora que las salas se abren en toda España con reducción de aforo y se consolidan las primeras, aunque reducidas, oleadas de estrenos, el negro horizonte amenaza con volver a cerrarlas pronto conforme infinidad de distribuidoras cancelan estrenos. Se dan la mano nuevos trabajos desembarcados en período estival con otros rezagados que, en circunstancias normales, debieron ver la luz hará varios meses. Es el caso del filme que nos ocupa, llamado a estrenarse a finales de marzo y cuya convocatoria de pases de prensa quedó atascada en el olvido, sin cancelación ni renovación. Uno de los trabajos de cine de autor con marca hispana (en este caso, coproducción con Chile) más aplaudidas del recorrido festivalero otoñal del curso pasado. Uno de tantos trabajos que certificaron el gran nivel de la pasada Sección Orizzonti del pasado Festival de Venecia, donde se hizo con el premio a Mejor Director y con el premio FIPRESCI. Se trata, como algunos habréis intuido, de Blanco en blanco, trabajo de Theo Court programado también en el último Festival de Gijón. Uno de los filmes más aplaudidos de la cosecha veneciana, y que tras meses de espera demorados aún más por el estreno frustrado ya llegaba a nuestros cines. Llegaba tarde, y en condiciones mejorables, pero era este un filme del que había que hablar. Y nos hallamos ante un filme sin duda interesante e incluso recomendable, pero hacia la que guardo ciertas reservas. Un drama histórico muy aseado en su superficie pero con ciertos elementos sin afilar en su engranaje interno. 

Tierra del Fuego, Argentina, albores del Siglo XX. Pedro, fotógrafo, llega al indómito terreno de la extensa hacienda de Mr. Porter. Debe capturar instantáneas de su futura y joven esposa. Su empeño por retratar su belleza le traerá serios problemas. Árida estancia de opresión colonial y deseo gangrenado. La búsqueda de belleza formal en un ecosistema despojado de vida o alegría. Desolador viaje emocional por escenarios tan helados como el alma de los que lo pueblan. Preciosismo fotográfico contra la violencia cochambrosa. Un filme tonalmente sugerente, callado, desangelado y de turbiedad permanente. La fotografía cuadrada de la época no sólo supone una vistosa y exótica herramienta narrativa, sino como vía para construir planos de cuidada simetría que sirven como representación fija de situaciones y metáfora de la hipócrita fachada de barbarie, que por mucho que se prepare apenas se sostiene unos segundos ante el objetivo. Filme de elegante fotografía de tonos apagados, absorbente diseño sonoro de viento y vacío y hermosa partitura trágica, mas ausente de lo que nos gustaría. Alfredo Castro es un excelente actor, y de nuevo ofrece un notable trabajo con su perturbador protagonista. Su labor es vital para elevar los que sin duda son los mejores momentos del filme: las secuencias de preparación de la tierna novia para la sesión fotográfica. Colonización del terreno y de la psicología, en otro relato de dominación racial que se mantiene tristemente vigente. 

Es un trabajo en el que se percibe la bisoñez de sus responsables por la artificialidad que transpira el conjunto. Un trabajo que diríase siempre más afanado por su acabado audiovisual que establecer vínculos emocionales ricos entre los personajes y ríos narrativos de desarrollo atractivo. Ningún personaje ofrece apenas personalidad y profundidad, y aún si esa frialdad es coherente y buscado no hay conexión emocional con el espectador (ni tan siquiera un hechizado enrarecimiento), las acciones se desembocan con hermetismo. Su sequedad se puntúa con una crueldad, comportamientos viscosos bizarros y morbo físico que no aportan dimensión más allá del epatar tan asentado en el cine de autor de hoy. Película muy acomodada en algunos vicios del cine de festivales, y que a su vez tampoco encuentra una ocurrencia para cerrar con contundencia. 

Despiadada, psicológica y aterida, Blanco en blanco es un ejercicio virtuoso en la puesta en escena cuya simiente narrativa no florece con la misma frondosidad. 

  • Título: Blanco en blanco
  • Dirección: Théo Court
  • Guión: Théo Court y Samuel M. Delgado
  • Actores: Alfredo Castro, Lars Rudolph, Lola Rubio, David Pantaleón
  • Dirección de Fotografía: José Ángel Alayón
  • Música: Jonay Armas
  • Estreno: 31 de julio de 2020
  • Duración: 100 minutos
  • Web Oficial: https://www.elamedia.com/Catalog/BLANCO-EN-BLANCO
  • Nota: 6,5/10

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