Blade Runner 2049 – Concepción alambicada

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Conforme se anunciaron los estrenos que irían llegando a lo largo de 2017, una de las fechas que el cinéfilo de a pie marcó en rojo en su calendario era la fecha, a principios de octubre, del estreno internacional de Blade Runner 2049, secuela de la obra maestra seminal de 1982 y nueva película del admirado realizador en racha Denis Villeneuve. Otro jalón más en la corriente de la retromodernidad y las secuelas nostálgicas tardías de propiedades ochenteras icónicas (en diferentes grados de popularidad. Una película en la que el talento implicado de reparto y equipo técnico y la grandeza del legado de su sublime primera parte hacia imposible no sentir una vasta curiosidad por ver el resultado y, porque no, esperar una de las películas del año, sino de la década. Y el hecho de que la campaña promocional no desvelase la trama, enseñando sólo hermosas imágenes resultado del siempre excepcional trabajo de Roger Deakins, invitaban aún más al optimismo. No tanto su ausencia en los festivales de septiembre, pero una gran producción de esta envergadura, con el aparato de Warner Bros a su disposición, no necesita de esos apoyos para su distribución. No podría estar a la altura de la original en la mayoría de los casos, pero cabía esperar de ella una trama interesante y algo más que un mero homenaje para aficionados. No pude hacerme con pase de prensa alguno, pero finalmente disfruté de ella en los Cines Verdi en buena compañía. Y tras un visionado largo pero nada tedioso y plagado de disfrute sensorial e interés hacia el argumento, concluyo que vi la película que me imaginaba que vería. Una buena película, dignísimo homenaje y buena secuela y ampliación del universo. Pero no dista sólo de ser una obra maestra o una de las películas del siglo, tampoco es de las grandes obras de este año. Pues si la presentación es espectacular, y las técnicas de cocinado de altísimo nivel, el sabor último del solomillo no está a la altura. Un caramelo muy gustoso, y de denso sabor, pero poco impacto una vez digerido. En suma, mucho requiebro para un relato sencillo y no tan apasionante ni simbólico.

Blade Runner 2049Estamos en 2049. Tras varias rebeliones de Replicantes, Tyrell Corporation quebró y fue comprada por Niander Wallace (un Jared Leto invidente y demasiado engolado), quien tras el apagón de 2020 logró con sus avances en Biogenética ayudar al mantenimiento de la especie, desarrollando nuevas líneas de replicantes funcionales y controlados, carentes de espíritu de rebelión. Algunos de ellos son empleados como Blade Runners por el departamento de policía (en el caso de el de Los Ángeles, comandado por una desaprovechada Robin Wright) para retirar modelos antiguos en clandestinidad (Nexus-8, con períodos vitales más largos que los Nexus-6, como Dave Batista). Es este el caso de K (un excelente Ryan Gosling), que desentraña por accidente unas pistas que conducen a un misterio oculto desde hace 30 años (2019, los sucesos del filme de Scott) que puede alterar por completo la concepción social de los replicantes, el sistema de repudio y instrumentalización de los mismos, sus diferencias con los humanos, o incluso su propia identidad. Un relato de investigación policial que ahonda en los temas morales y filosóficos de la obra previa, desengranando la vida de Deckard desde entonces y el porvenir venidero de los replicantes. Una indagación en los difusos límites identitarios, los avances tecnológicos y la despojada vida de aquellos desafortunados que han quedado atrapados en el vertedero que es la Tierra. Salta a la vista que la construcción audiovisual del relato es extraordinaria. La atmosférica banda sonora de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch es deudora de Vangelis y excelente a su manera, la fotografía de Roger Deakins es muy hermosa, como acostumbra, y la dirección artística y diseño de producción logra que volvamos a sumergirnos en este mundo con fascinación y placer. Su ritmo es lento, pero está construido con pulsión y carga gracias a un montaje pausado que explora los temas del filme con detalle y desarrolla su argumento poco a poco, logrando que en última instancia, un misterio sencillo logre tenerte toda la película expectante y cargado de preguntas. Preservando, además, la incógnita de la verdadera naturaleza de Deckard. Para bien o para mal, tiene un argumento. No repite ni recrea, sino que continua e investiga. Y lo hace utilizando personajes planos pero bien interpretados (Sylvia Hoeks brilla como fría y despiadada replicante al servicio de Leto, Ana de Armas hace un buen trabajo como compañera sentimental de peculiar naturaleza, Hiam Abbass y Barkhad Abdi tienen breves pero gratos papeles, y Harrison Ford no se limita a pasearse para el aficionado, sino que capta el dolor de un hombre solitario y herido por un pasado pasional que ha debido ocultar para sobrevivir y evitar un infierno para los replicantes). Ya sólo con eso logra estar por encima de muchas superproducciones de Hollywood. 

El filme presenta, es inevitable obviarlo, un drástico contraste entre la sofisticación de su aparato formal y el absurdo enrevesamiento de su irregular y, en última instancia, pobre argumento. Aún dentro de este universo, la grandilocuencia y escala del hecho aislado rozan la verosimilitud, así como la disposición de las piezas del puzzle una vez ordenadas y sacadas del orden disperso en el que K las va encontrando. El filme es fatuo y se tiene en demasiada estima para la convencionalidad y llaneza de su trama, que presenta casi nula riqueza simbólica y recalca visualmente cada pregunta que plantea sin dar lugar a la indagación. A partir de la aparición, resuelta burdamente, de cierto personaje icónico, el filme se atasca antes de su conclusión (la escena de inclusión de cierto colectivo roza la comedia no intencionada) y se enfanga en pobres escenas de acción, resueltas con una torpeza lejana a las del filme del 82. El filme, elegante y estático, no sabe como integrar sus momentos de brío, y como en los bondianos experimentos de Mendes cae en recursos de guión efectistas pero que no se sostienen una vez pasado el efecto de la sorpresa. El filme puede reducirse a un sólo concepto: la capacidad de concepción en Replicantes como punto de detonación del sistema y bomba que derrulle el muro que separa ambas especies. Y para añadir este apunte a los temas ya familiares, trama el guionista Fancher este rompecabezas abigarrado de recuerdos, implantes, colectivos identitariamente extraviados, linajes difusos y descendientes escondidos

Elegante, ultra-solemne y flemática, Blade Runner 2049 es sin duda una buena película, pero su riqueza simbólica o trascendencia en la escena fílmica queda a milenios de su predecesora.

  • Título: Blade Runner 2049
  • Dirección: Denis Villeneuve
  • Guión: Hampton Fancher y Michael Green 
  • Actores: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas
  • Dirección de Fotografía: Roger Deakins
  • Música de: Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch 
  • Estreno: 6 de octubre de 2017 
  • Duración: 163 minutos
  • Web Oficial: http://bladerunnermovie.com/
  • Nota: 7,3/10

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