Animales nocturnos – Rencor literario

En 2016, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Hará siete años, el diseñador Tom Ford hizo las delicias de un servidor y de la comunidad cinéfila con la excelente Un hombre soltero. Relato de origen literario sobre relaciones homosexuales con un Colin Firth excelso y un tono narrativo sutil, delicado y una minucioso cuidado estético, en él el modisto apuntaba maneras de un estilo cinematográfico propio en detrimento de pulir la narrativa. En esta ocasión, ha apostado por un proyecto narrativamente más ambicioso, con el que consolidar su estilo y madurar su narración. Un encargo para adaptar la novela de Austin Wright Tony and Susan que juega con tres niveles de relato en una historia metaficcional.  Se estrenó en el Festival de Venecia, dónde fue condecorado con el Gran premio del jurado.  Y en este apretado diciembre, llega a la cartelera española. Y pese a la abundancia, es imprescindible que no se la pase por alto. Pues no hablamos de una película redonda. Tampoco de una película fácil. Pero sí de una tan melodramática y emocionalmente intensa, tan soberbia a nivel técnico y audiovisual y tan compleja y entrelazada a nivel narrativo y argumental, con todos sus elementos interrelacionándose entre sí y logrando implicaciones más profundas de lo que se presupone a primera vista, que bien la hacen recomendable para todo público cinéfilo. 

50805_AA_4609_v2F Academy Award nominee Amy Adams stars as Susan Morrow in writer/director Tom Ford’s romantic thriller NOCTURNAL ANIMALS, a Focus Features release. Credit: Merrick Morton/Focus Features

Susan Morrow (una Amy Adams en racha de excelencia) es una acaudalada galerista de arte en Los Ángeles. Vive en una esfera de belleza y pomposidad artificial por la que no siente ya pasión u interés, y comparte sus días en una bella mansión con un hermoso y exitoso marido (Armie Hammer) al que probablemente nunca amó y que no la saca de su infelicidad. Una tarde le llega un paquete de cartón, y en su interior se halla Animales nocturnos, una novela aún sin publicar escrita por Edward Sheffield (el siempre genial Jake Gyllenhaal), su primer marido al que hace veinte años que abandonó, y que le ha dedicado la obra. En la soledad nocturna de su cuarto, mientras su marido viaja, comienza la lectura. El libro cuenta una desgarradora historia de violencia y drama familiar, dónde un joven padre (Tony Hastings, representado por Gyllenhaal) asiste impérterrito como de manera fortuita la desgracia ataca a su mujer e hija (representadas con actrices físicamente similares a Susan) y precisará la ayuda, en los márgenes de la legalidad del policía Bobby Andes (un Michael Shannon flemático y divertido). Conforme avance la dura lectura, Susan descubrirá que un vengativo Edward ha trufado su obra con símiles y referencias a su pasado juntos y a las desavenencias que conllevaron. Un drama de puro dolor, decepción, desencuentro y amor abandonado. Un relato lento y delicado, que precisa reflexión, relectura y superar la primera impresión. Delicada pero dura y violenta, emocionalmente profunda. Y ante todo arriesgada, diferente, ajena a convencionalismos narrativos y tonales del entorno de Hollywood. La banda sonora de Abel Korzeniowski, compuesta básicamente de cuerdas, da un tono de intriga y melodrama clásico hitchcockiano. La excelente fotografía de Seamus Mcgarvey, con grano de cine y apuesta por colores contrastados, se inserta en un montaje pausado y anómalo que recurre a formas y colores semejantes para transiciones de escenas y utiliza hermoso planos recurso que ralentizan el ritmo, en una costumbre tristemente en desuso. Los intérpretes rinden a alto nivel, sobre todo un espeluznante Aaron Taylor-Johnson. Pero es el inquietante y afectado tono que imprime Ford y la habilidad del guión de su guión para entrelazar esos tres niveles de manera paralela (Susan leyendo, el propio relato del libro, al estilo de los westerns modernos de carretera tejana más crudos, y los flashbacks de sus días de pareja con Edward) que se manifiestan en la cabeza de Susan y se inter-relacionan de modo cuasi especular los que dan al filme una entidad muy marcada, interesante y fina.

Bien es cierto que la cantidad de tiempo invertida en los tres niveles no es equivalente, y esto se da en detrimento de las más interesantes. Aquellas secuencias que implican a Susan encandilan, y todo el relato ficcional de la pérdida de Hastings presenta menos matices por sí sólo, siendo una narración pueril a nivel temático centrada tan sólo en la violencia, el dolor y la venganza por unos hechos delictivos, y pese al sufrimiento del padre desolado esta historia sólo adquiere fuerza con sus implicaciones con la vida real de Susan tanto en pasado como presente, y no tanto en cuanto Gyllenhaal se desgañita. Cuando llega la conclusión, la cual es certera y sutil cómo procede, deja al espectador trastocado por el malsano y trémulo ritmo de resentimiento y causas pérdidas, y al entenderse todo queda con ganas de más.

Virtuosa y psicológicamente pegajosa, el nuevo trabajo de un Tom Ford en evolución en esta etapa como excelente realizador deja sensaciones encontradas en tanto no logra transmitir una sensación de redondez, pero servidor sólo puede desear que el diseñador se erija en estandarte de un cine necesario que se hace cada vez menos. 8/10

 

Deja un comentario