Alien: Covenant – Disección y ofrenda

En 2017, Cine, Críticas por Néstor JuezDeja un comentario

Servidor considera Alien, el octavo pasajero, de Ridley Scott, y Aliens: el regreso, de James Cameron, como obras magnas del cine de terror y de ciencia ficción (en segundo plano) de todos los tiempos, y siempre ha seguido las andanzas del xenomorfo de Giger con mucho interés pese a los numerosos patinazos que ha sufrido desde entonces. No en vano ya disfruté en su día de Prometheus, el retorno a la saga de Scott, pese a los numerosos y graves problemas que aquejaban a aquel filme. Si bien su argumento presentaba mil agujeros, ideas confusas y preguntas sin respuesta, su intención de ampliar la mitología de la serie y de explicar el origen de la criatura no se mostraba exenta de interés. Es por ello que cuando Scott (que dicho sea de paso, nunca volvió a rendir al nivel de aquella soberbia trilogía con la que debutó, compuesta por las exquisitas Los duelistas, Alien y Blade Runner) decidió filmar una secuela de aquella precuela, que continuaría el camino hacia los hechos de la primera película, me mostré muy interesado, aún más al contemplar el material promocional de la misma, sus prólogos en vídeo y, como sucediera en su predecesora, sus experimentos con el transmedia. De todos modos había motivos para la desconfianza, vistos los errores ya cometidos, los elementos argumentales conocidos y las primeras impresiones de la crítica, por lo que acudí al Capitol de Madrid por primera vez dispuesto a gozar sin cortapisas pero con reservas de cara a esperar un peliculón. Y el filme que encontré me dio a grandes rasgos lo que esperaba. Pues si bien es un espectáculo excelente en el plano audiovisual e interesante en el plano textual, la descompensada suma de sus partes hace de ella una película aceptable pero decepcionante, que queda por debajo de Prometheus

Tras un excelente prólogo en el que el todopoderoso científico y empresario Peter Weyland (Guy Pearce, que interpreta al fundador de la empresa colonizadora de mundos capital durante la saga) conversa con su más avanzada creación, el recién nacido androide David (un Michael Fassbender escidido en dos que se come el filme), sobre la capacidad de crear y el origen de manifestaciones inteligentes, nos introducimos en la nave Covenant, en la que el androide Walter (Fassbender, interpretando a un prototipo más moderno y más inofensivo psicológicamente) y su tripulación de 15 miembros surcan el espacio con un cargamento de colonos en busca de un planeta habitable en el que desempeñar su misión colonizadora. Durante el trayecto reciben una transmisión de auxilio emitida por un locutor humano procedente de un planeta con características sorprendentemente óptimas para la habitabilidad. Conforme aterricen en este nuevo mundo se desatará el caos, en un encuentro con viejos conocidos, civilizaciones destruidas y organismos letales de diferentes formas cuyo único fin es erradicar la vida orgánica. Una intriga de ciencia y terror que divaga sobre los orígenes de la raza humana, de nuestros creadores y de la némesis Gigeriana, y que muestra el camino biológico de mutaciones y combinaciones biológica que el patógeno negro modificador del ADN que crearon los ingenieros experimenta hasta dar vida al xenomorfo característico. De entrada hay que destacar el acabado visual de la película, han invertido en ella millones y se aprecian en un hermoso diseño de producción de Chris Seagers y la dirección de arte de Ian Gracie, que ofrecen una rica Covenant, una interesante civilización extinta de los ingenieros, un bello planeta devastado de vida orgánica y la ya clásica nave ingeniera itinerante del filme original. Dariusz Wolski ofrece de nuevo una excelente fotografía, con no pocos encuadres de tremenda potencia icónica, y Jed Kurzel se suma a la saga con una desasosegante partitura, que versiona y recupera tanto el tema original de Goldsmith como múltiples temas de Prometheus. Los nuevos personajes humanos se perfilan adecuadamente (Waterston es correcta, más aún Danny Mcbride), pero las estrellas de la función son Fassbender en su doble papel y el desarrollo del arco narrativo de David (ahora despiadado creador de vida) desde la última película. Como también se cierra el de los ingenieros (seres alienígenas primigenios, altos, calvos y de color blanco, que cultivaron la Tierra con la humanidad y cuya arma biológica ha escapado fuera de su control), se desarrolla el del patógeno líquido y sus combinaciones orgánicas, se abre el del xenomorfo y se responden algunas de las dudas planteadas por Prometheus. Las pretensiones morales y filosóficas sobre la necesidad de creación y los límites de la misma en la experimentación biológica están relativamente logrados, y siempre resulta estremecedor asistir a escenas de gato y ratón entre aliens y humanos. 

Si bien la película halla más acierto en todos los elementos que funcionan como secuela de Prometheus y que la entroncan con esta, es en su mezcla de enriquecimiento existencialista de la mitología y de película de terror con monstruitos sanguinarios por doquier dónde la película deviene en un errado cóctel de tonos y ritmos, en el que la introducción del alien se siente fuera de lugar y propia tal vez de futuras entregas. Como cinta de terror funciona poco, atropellada y plagada de lugares ya vistos, con distintas criaturas (neomorfos y xenomorfos) de confusos estados embrionarios y ambiguos estados de gestación. La estructura argumental sigue de manera demasiado el esquema ya familiar de la primera entrega, logrando con mucho más mucho menos de la tensión de aquella. Agrada reencontrar elementos de Prometheus, pero entristece la deriva que toman en tanto los desaprovecha y los clausura (los ingenieros daban más de sí, así como el personaje de Rapace, y es triste ver a David devenido en maquiavélico villano). Finalmente tanto las acciones como las imágenes repiten lo ya conocido, y la entrega acaba en un punto que nos deriva a nada novedoso, habiéndonos bombardeado en el proceso con verborrea solemne y petulante que se toma demasiado en serio para derivar en caminos de guión pobres o maniqueos. 

Elegante, filosófica y sombría, Alien Covenant es una vistosa cinta fantástica que supone una adición interesante a la saga, pero que no enriquece en demasía la medida simplicidad de sus primeras entregas. 6/10

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