69º Festival Internacional de Cine de San Sebastián – Día 5

En 2021, Eventos, Festival de San Sebastián, Festivales y Muestras por Néstor Juez2 Comentarios

Tras un cierre glorioso de noche de lunes tocó encarar un martes 21 más escueto en cantidad de filmes y lleno de incógnitas, que se saldó con el balance más pobre de la semana pero igualmente con un gran título de por medio. Entremos en materia. 

Nueva incursión en la sección de Nuevos Directores con uno de los títulos españoles de la programación donostiarra: Josefina, debut de Javier Marco con Roberto Álamo y Emma Suárez en el reparto. Juan es un solitario y tímido funcionario de prisiones, que pasa sus días estudiando cámaras de seguridad. Hace ya un tiempo que observa, enamorado, a Berta, que visita a diario a su hijo encarcelado. Para poder entrar en contacto con ella, que al igual necesita afecto para llenar un vacío, jugará un papel determinante el personaje de Josefina. Un drama pequeño, sencillo, melancólico y tierno de una improbable pareja en las mas anómalas circunstancias. Una oda a la bondad de las personas, y un alegato al derecho a la felicidad y a la recuperación de una nueva vida y del afecto tras la tragedia sin por ello renunciar al recuerdo y aprecio hacia aquello que precedió. Un trabajo de héroes anónimos que superan su timidez para dispensarse la paz que merecen. Un trabajo que destaca por guion, con múltiples secuencias (una transmite de sugerente manera un momento emocionalmente poderoso a través del montaje) de ingenio, sutileza y humor naturales y empáticos. Es ante todo un filme muy candoroso, sensible y humano, resaltado por el gran trabajo de Emma Suárez y Roberto Álamo y por el fácil pero siempre eficaz recurso de utilizar música de Bach. Presenta la rigidez artificiosa propia de las óperas primas españolas, y a nivel de puesta en escena es una película impersonal y bastante pobre. Es un trabajo cinematográficamente poco trascendente, pero que logra de manera encomiable los objetivos que se propone. 

A continuación fue el turno de otra proyección de un título que competía en Sección Oficial: Ping yuan shang de mo xi, de Zhang Ji. Uno mas de una amplia presencia de producciones chinas en el festival, demostrando las buenas relaciones del festival con este mercado. La ciudad de Fentun durante 1997 vive asustada entre una sucesión de asesinatos que permiten intuir un asesino común cuya identidad es un misterio. Un policía investiga haciéndose pasar por taxista, y se acerca a una muchacha con la que guarda complicidad para acercarse a su padre. Ocho años después, con los crímenes tiempo ha detenidos, se reabre la investigación. Suspense policial y melodrama malsano en el contexto de la China post-industrial, como no podía ser de otra manera, marcadamente crítico. Un retrato social del gigante asiático amargo y misterioso, bañado de una envolvente sensualidad velada. Un trabajo cuidado en una puesta en escena elegante y con criterio, que aprovecha al máximo el potencial estético del entorno en el que sucede la acción. La climatología emerge como un instrumento de construcción atmosférica mas, y el ambiguo y perverso personaje de la muchacha que inquieta al policía y su tórrida tensión con él son elementos atractivos. Pero por lo demás, se trata de un trabajo tan competente como rutinario o impersonal, uno mas de tantos thrillers chinos en la línea de estilo de Diao Yinan que se suscribe a su iconografía nevada sin aportar ningún matiz o rasgo novedoso por su parte. Un trabajo tan desvaído a nivel tonal, y de desarrollo tan frío a nivel emocional, que sus momentos mas tensos o impactantes resuenan débiles. Un puzzle que por desconexión con sus personajes se desvela sin pulso, debido también a su expansión por un metraje dilatado. En suma, un ejercicio de producción tan funcional como insípido, prácticamente olvidado a las pocas horas de la proyección. 

Otro título de la Sección Oficial que se pudo ver durante el día fue la francesa Vous ne desirez que moi, adaptación de una novela que, a su vez, es una transcripción de las grabaciones de una entrevista entre Yann Andréa y Michèle Manceaux, dirigida por Claire Simon. Una periodista se reúne con un joven amante de Marguerite Duras para mantener una extensa conversación que registra en grabadora. Pocas palabras serán suficientes para explicar la pasión que siente hacia una mujer que, sin embargo, le está agotando, y pese a lo mucho que la ama, ya no puede seguir adelante con su relación. Una conversación filmada con apenas unos fragmentos de archivos, dibujos o flashbacks recreados como únicas digresiones de un intenso tête a tête. Una relación viciada, tóxica e idolatrada de sexo, admiración y dependencia que toma cuerpo a través de la palabra en un concentrado y riguroso plano/contraplano en el que la cámara rota alrededor del reducido espacio. Un trabajo de sólida carga intelectual exigente para el espectador, que pone a sus actores en una encrucijada y ofrece una inmersión en varios matices de la obsesión. Sin embargo, pese al interesante material de partida, no queda sino la sensación de que nos encontramos tan sólo ante una ilustración del mismo. Su árido enfoque la hacen casi inaccesible, uno de esos trabajos que parecen dirigidos a un reducido grupo de personas, que parecen empeñados en ser crípticos para una amplia mayoría de públicos. Un trabajo cuyo enfoque es tan ombliguista, tan encerrado en sí mismo, tan entregado al regodeo intelectual, que resulta de una pedantería algo irritante. Un trabajo tan refinado a nivel fotográfico y atrevido en su dispositivo como desagradecido de ver cómo espectador. 

Y cerré el día con el mejor título de la sección de Horizontes latinos: Noche de fuego de Tatiana Huezo, producción adquirida por Netflix que fue presentada en la sección Un certain regard del pasado Festival de Cannes, donde se hizo con una mención especial. Una niña aprende a descubrir el mundo en un pequeño pueblo de la sierra de México en compañía de su severa madre y otras niñas. La inquietud y la vitalidad germinan con fuerza y naturalidad pero, desde que son muy pequeñas, condicionadas por el temor a la amenaza futura pero ineludible de los soldados que vendrán a llevárselas, momento para el cual viven preparadas. Un estudio íntimo de una infancia en contexto adverso que apabulla por su lirismo, su empatía y, a su vez, por su horror soterrado. Un drama de comunidades desfavorecidas que sacude y conmueve sin recurrir al efectismo, a la sordidez o a la tragedia sensacionalista. Una película que sabe observar, que sabe dotar a su relato de una densa atmósfera tan serena como inquietante, natural como fantástica. Un filme de emociones fuertes que permite que el espectador sepa que debe sentir en cada momento sin demarcarle el camino. Perfectamente consciente de la importancia de la identidad cultural de la comunidad escogida para establecer la personalidad del filme. La selva vuelve a ser un personaje más, en el que sus diferentes animales bien merecen sus propios planos, parte determinante para cimentar el tono mágico que rodea al conflicto. No sólo es importante observar a la niña protagonista en su intimidad, sino observar los peculiares juegos que practica con su grupo de amigas o asistir a sus experiencias mas positivas en el entorno escolar. Un gran ejemplo de cómo denunciar la opresión patriarcal sin aleccionamiento didáctico ni tendencias de agenda. La película más lúcida del día. 

Un día mas comedido en revelaciones e impacto cinematográfico, pero a su vez lleno de ternura, pasión, reflexión literaria, eficiencia de artesano y lirismo étnico. Pese a ello, sirvió como jornada de confirmación de una cineasta, y como primeros pasos para un realizador patrio que tal vez nos dé grandes alegrías en el futuro. Seguimos. 

Comentarios

  1. Javier Sánchez

    Un festival de cine es más que una cartelera, es un ambiente callejero, unas celebridades entre el público y, por qué no, una oferta gastronómica de cine. Nada de esto nos cuenta Néstor. Pena, penita, pena.

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