69º Festival Internacional de Cine de San Sebastián – Día 4

En 2021, Eventos, Festival de San Sebastián, Festivales y Muestras por Néstor Juez1 Comentario

Llegamos al cuarto día del festival con otra jornada poderosa de descubrimientos, tragedias, feminidades doloridas y perfección en la técnica. Dramas intensos, propuestas de elegancia, debuts de impacto o delirio carismático. Un abanico bastante estimulante que procedo a abrir. 

Se abrió el día con la única propuesta de Sección Oficial distribuida por Netflix: Distancia de rescate, adaptación de la novela de Samanta Schweblin dirigida por Claudia Llosa, quien se diese a conocer con la ganadora del Oso de Oro en Berlín La teta asustada. Amanda se muda a un tranquilo pueblo campestre con su hija Nina. Pronto entablará amistad con su vecino Carola, que vive asustada por lo que pueda hacer su hijo David. La calma se verá amenazada por la sospecha permanente, y la necesidad imperiosa de velar por la seguridad de Nina imperará sobre cualquier razón objetiva.  Un trabajo de adaptación sutil y subliminal que lo apuesta todo al misterio y a lo atmosférico. Una película narrada, que antecede un peligro callado, traza las señales de un mundo oculto en retazos de vegetación y transita entre distintos tiempos para reflexionar sobre la carga y los dolores de la maternidad. Una película en la que se puede valorar su tono, y los valores de producción son evidentes. Atractiva es a su vez la química entre Dolores Fonzi y María Valverde. Pero es una mera fachada, una construcción de intriga para no llegar a ningún fruto, un aire enrarecido que no guarda enjundia tras la neblina. Tensión en ascenso para que llegado el cierre quede tan poco claro el mensaje último que dudamos de si siquiera está ahí. Y a nivel de realización es tan válida como impersonal, atada al libro de estilo de Netflix. Para un servidor, de los trabajos mas pobres de la Sección Oficial. 

Volvimos a la sección Nuevos Directores con la americana Mass, dirigida por el actor Fran Kranz y presentada en el pasado Festival de Sundance, donde fue recibida con entusiastas críticas. En una iglesia episcopal, una mujer concierta un encuentro entre dos parejas. Ambos desean pasar por la difícil experiencia de conversar para superar una tragedia en la que cada par de progenitores se sitúa en el lado opuesto del tablero. Un ejercicio de devastadora explosión dramática que cede el protagonismo a su portentoso cuarteto. Una propuesta desnuda en la que se silencia cualquier música y, con la puntual excepción de alguna imagen de flashback, se elude cualquier deriva visual para sentar a las parejas en una mesa y dejar que la cámara fluya de un personaje a otro. Un cátedra de interpretación por todas las partes implicadas, en la que el guión se construye para circular desde la cortesía silenciosa pero tensa hasta el estallido de rencor y amargura. Es inevitable emocionarse con varios instantes, y aplaudo la profundidad y diversidad de perspectivas de reflexión desde la que afronta un problema inherente al entorno escolar americano. Es también cierto que el filme opta por algunas situaciones de histrionismo lacrimógeno y sensacionalismo chillón, pero siempre dentro de una coherencia temática. Tratándose de un debut, es un trabajo realmente encomiable que recomiendo. 

De nuevo en Sección Oficial se presentó el debut Crai nou, de Alina Grigore. Iura desea abandonar su pueblo para poder estudiar en la universidad. Muy a su pesar, un insatisfactorio escarceo sexual con un artista provocará una confrontación violenta con su numerosa y disfuncional familia, en la que su violento primo invade permanentemente su rutina. Un drama inmersivo de cámara agotadora en el que sacude al espectador la permanente violencia verbal. Ecosistema humano cerrado y rígido en la que el sosiego y la concordia están fuera del alcance. Un espacio caótico de vigilancia no deseada en la que la capacidad para una mujer de volar libre está en entredicho. Iura como núcleo sobre el que todo orbita, que transita de una situación a otra en permanente escapada incapaz de no arrastrar daños colaterales. Me atrajo del filme su denso espectro de grises, así como la interpretación central de Iona Chitu, cuyo complejo y misterioso personaje es de largo lo más atractivo de un filme que lo cede todo a una cámara que atrapa a los personajes en planos cerrados y tomas largas para cada secuencia. Un cine incómodo y con interés tan valioso como intrascendente, película tan ambigua como confusa, amén de técnicamente modesta. Una película que agrada al encararla sin informaciones ni expectativas, pero tan exigente como poco llamada para permanecer en el imaginario cinéfilo de este crítico pasadas las semanas. 

Mi escarceo de esta jornada con la sección de Zabaltegi fue con la boliviana El gran movimiento, de Kiro Russo, recientemente presentada en la sección Orizzonti del pasado Festival de Venecia. Unos jóvenes muchachos llegan de Oruro a una bulliciosa y caótica La Paz, en busca de trabajo. Uno de ellos, acomplejado por la presión de una amiga de su madre fallecida, sufrirá con las inclemencias del esfuerzo físico. En paralelo al regreso a la ciudad de un caminante del bosque, el joven caerá víctima de una densa fiebre. Una sinfonía urbana con costumbrismo, humor, libertad y misticismo. Toda una marcianada, una película fresca y llena de personalidad, que maniobra en unas coordenadas poco vistas. Un retrato urbano de una elevada, pobre y abarrotada La paz donde los antihéroes más humildes buscan su camino y la fiebre y la pesadilla hacen acto de presencia. Extravagante por sus personajes y permanentemente sorprendente por su forma. Con un rigor observacional propio del documental, acompañamos a pobres diablos que apenas saben hablar y callados ermitaños de la montaña por un viaje que deriva del trabajo físico a las explosiones musicales dementes, el encuentro con lo animal y la puesta en práctica de rituales curanderos tan aparatosos como dudosamente eficaces. Rodada en 16 mm y con una realización que va de los planos generales lejanos a lentos zooms in y out a los personajes, es un trabajo visualmente deslumbrante. Bien es cierto que en ocasiones asistimos más a un experimento que a una narración compacta, que aúna genialidades con lo que bien podríamos considerar chanzas. Dista de ser redonda, pero es de esas pocas películas del festival que me ofreció algo que no había visto antes, y de largo uno de los visionados que más disfruté. 

Se cerró el día con uno de los platos fuertes de la sección Perlas: la japonesa Drive my car de Ryusuke Hamaguchi, que se hizo con el premio al Mejor Guión del pasado Festival de Cannes. Yusuke Kafuku es actor y director teatral. Hombre metódico, que graba las réplicas de sus obras de teatro en cintas que reproduce y confronta oralmente mientras conduce, una de sus actividades favoritas. Durante la preparación de una representación de El Tío Vania de Chéjov podrá reconciliarse con una tragedia reciente. Un pausado y largo viaje personal en el que la terapia emocional y el afloramiento de la emoción desgarrada se alcanza tras días de metódicos, contenidos y maquinales procedimientos de preparación teatral. Un ejercicio cinematográfico de exquisito control de cada uno de los detalles, de elegancia prodigiosa. Una demostración de los resultados obtenidos cuando un director domina al milímetro cada uno de los parámetros de la expresión cinematográfica. Una verdadera delicia, una enorme película y lo mejor que se pudo ver en San Sebastián. Un drama sereno, refinado y tan bello como delicado y emotivo. Un proyecto de casi tres horas de duración que jamás pierde el interés del espectador, y en el que todo tiene un sentido. Un drama sensible y refinado de puesta en escena perfecta, con planos sin alardes pero de composición y movimiento siempre sugerente. Un viaje pasional y sexual en el que la procesión, durante la inmensa mayoría del metraje, va por dentro. Un poema de higiene extrema que halla en el ensayo teatral, la lectura y la declamación del texto memorizado la vía para exponer la psicología interior de cada una de las piezas del tablero. Una de esas películas que demanda implicación y paciencia pero que trufa el desarrollo de momentos de éxtasis cinematográfico y un desenlace catártico. Lirismo y sensibilidad aunadas con sofisticación en una película, tal vez, demasiado medida desde su guion, cuyo exceso de cálculo puede ser interpretado por algunos como rémora para el éxtasis cinematográfico. Para el que esto escribe, una obra imprescindible. 

Un día también exigente pero sorprendente, catártico y, como tema recurrente, eminentemente femenino. Un inicio de segundo tercio que confirma una programación concienzuda, sugerente y llena de discursos y propuestas para reposar y reflexionar. Seguimos. 

Comentarios

  1. Javier Sánchez

    Es difícil bailar en dos bodas el mismo día, pero si tienes donde elegir, seamos ohnéstor con nosotros mismos, me quedo con el estreno de No time to die del Festival de Cine de Zúrich.

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