21º Festival de Cine alemán – Parejas, supervivientes y ovejas descarriadas

En 2019, Eventos, Festival de cine alemán, Festivales y Muestras por Néstor JuezDeja un comentario

Por segundo año consecutivo regresé, muy bien acompañado, a las vigésimo primera edición del Festival de Cine Alemán de Madrid, que un año mas se celebraba en el Cine de la prensa de Madrid durante una semana. Una edición con muchas propuestas de otros festivales, variedad genérica y una programación abierta a ofrecer desafíos para el público. Un amplio conjunto de incógnitas que con gusto me dispuse a desvelar.

Martes 4 de Junio

El martes se inauguró el festival con el mayor fenómeno de la temporada en el cine teutón, filme que arrasó en los premios del Cine Alemán: es Gundermann, biopic del músico homónimo dirigido por Andreas Dresen que pude ver proyectado a las 20:30. Durante los últimos años de Alemania Oriental y en los albores de la caída del Muro de Berlín seguimos la vida y milagros de Gerhard Gundermann, escritor que devino en uno de los músicos más consagrados de la cultura popular alemana. Un biopic musical tradicional que retrata con detalle al artista y homenajea su obra y legado. Una producción vitalista llena de romance, energía, obstáculos relacionales y música para alegrar al pueblo. Un drama biográfico comercial que indaga también en la dimensión humana del cantante y en las circunstancias del entorno político y social que le rodeaba. Un filme, que duda cabe, desempeñado con eficacia, construido de manera efectiva y compacta. En lo que a realización se refiere hay incluso algún elemento atractivo, con tomas aéreas y coreografías visuales con variación de altura bien planificadas. Pero no negaré que no comulgo con este filme tan convencional, tan predecible y transparente en sus intenciones y recorrido y tan blanda en su tono narrativo. Es de todos modos cierto que se trata de una película llamada a funcionar bien ante el gran público. 6,3/10 

Jueves 6 de junio

Comenzamos la andanza del jueves, destinados para el resto del Festival a permanecer en la Sala 2 de los Cines de la Prensa, con una proyección a las 17:00 con una ópera prima: Adam & Evelyn, de Adam Goldstein, integrante del ciclo Artificios. Nos situamos en el verano de 1989. Se avecinan cambios en un escenario en el que la RDA convalece y la pareja de Adam y Evelyn, una joven pareja de una camarera y un sastre cuyo día a día se ve sacudido por situaciones convulsas y huidas. Una pareja primigenia en un mundo en proceso de radical transformación. Una película callada, serena, cerebral. Cine con mucho que decir a nivel conceptual. Una película con algunos apuntes atractivos en su atmósfera desconcertante, planteando el relato con un tono que especula entre la realidad empírico y un limbo imaginario. Calma en la fachada, tumulto en el fondo. Una película que, no voy a engañar, no disfruté en las mejores condiciones, y me resultó bastante ajena. Sus aciertos quedan ensombrecidos casi por completo por su pobre planteamiento formal. Se trata de una sucesión de planos y contraplanos en plano medio, despojados de cualquier elemento sugerente de lenguaje. Y se desarrolla durante su dilatado metraje con un ritmo mortecino. Filme del que sin duda se me escapó mucho, pero que en absoluto recomiendo. 5,6/10 

Acto seguido, a las 19:30, fue el turno del primer documental del certamen: Miedo escénico, de Alice Agneskirchner, integrada en la sección de documentales. El Friedrich-Palast es uno de los edificios teatrales más grandes y prestigiosos de Alemania. En él se prepara cada año una gran obra infantil y juvenil, en la que trabajan casi un centenar de personas para deleitar a 2000 espectadores. Durante meses seguimos a cinco niños involucrados en la producción, atravesando un largo proceso de castings y ensayos que les cambiará para siempre. Un documental generoso en su seguimiento y documentación periodística del proceso de producción de una ambiciosa obra teatral infantil durante un amplio espacio de tiempo. Un documental que refleja en toda su dimensión la espectacularidad de este montaje teatral y también nos permite adentrarnos en las vidas personales de un puñado de actores de esta empresa, de profesionales y alumnos de distintos roles, edades y circunstancias. Una experiencia entretenida, cuyo montaje combina elementos ricos. No deja de ser un producto más televisivo que cinematográfico, lastrado por algunos clichés y estereotipos del subgénero, así como por un blando tono familiar que arrastra todo constantemente a la superficialidad. Una película inofensiva, pero acogedora. 5,8/10 

Y por último, a las 21:30 vi la película que compensó por sí sola asistir al festival: In my room de Ullrich Köhler, presentada el año anterior en la Un certain regard de Cannes. Amin es un operador de cámara solitario y caótico que se encuentra infeliz en una rutina gris. Su vida experimentará un cambio radical cuando amanezca en un mundo desolado. Una película post-apocalíptica realzada por la naturalidad de su estilo y su malicioso sentido del humor. Un ejemplo intimista y sereno del fantástico de supervivencia. Una película calmada que pone el foco no en el bien presentado escenario de desolación, sino en las interacciones humanas de los pocos personajes que lo pueblan. Película pequeña y libre, elegante y dispuesta sin prejuicios a abrazar la inquietud y la rareza. Una odisea de personas normales, que decide cómo héroe a un personaje fracturado y torpe (no en vano, graba de manera contrapegado por error cuando prepara un reportaje para una televisión), tan divertido como entrañable. Una película que pese a su amargura logra transmitir un hálito de esperanza, y logra que el espectador acepte y no cuestione el nuevo estado de la sociedad, que termina siendo una excusa para iniciar la narración. Pese a todo, la película no innova ni abandona lugares comunes cuando lleva a cabo su desarrollo argumental, siendo en su conjunto una experiencia muy disfrutable pero familiar y muy predecible. No se trata de una gran película, pero sí del mejor trabajo de toda la semana. Una película bien merecedora de un visionado. 7,1/10

Viernes 7 de junio

Tras cerrar el día previo con buen sabor de boca, el viernes comenzó a las 16:00 con una película de punto de partida muy sugerente: The most beautiful couple, de Sven Taddicken. Liv y Malte se van de vacaciones a Malta, pero una trágica vivencia durante sus vacaciones destruirá su bienestar de pareja para siempre. Tras tiempo de resentimiento de la pareja, terapia y dolor, la aparición inesperada de un actor de aquel pasado sacudirá la situación, dando al traste con la estabilidad y el raciocinio y desencadenando una espiral de conflicto. Un filme que se adentra en el estudio psicológico del clima enrarecido de una pareja quebrada. Un filme que parte de la agresión para construir sobre él, edificando un entorno opresivo de trauma, culpa y venganza que destruye el concilio marital y se sumerge sin remedio en la fatalidad. Un filme que te posiciona contra la pared entre la incomodidad y el rechazo, forzando al espectador a replantearse sus convicciones morales en esta situación e instándole a imaginar como reaccionaría en esta crítica situación. Una película morbosa y truculenta que abre con todo un puñetazo fílmico. Lamentablemente, nunca empaticé con los personajes principales ni sus actitudes, y consideré que extendía su metraje para lo que quería contar, con un ritmo dubitativo durante varios pasajes. Pero el motivo principal por el que no soy un gran defensor es porque Morfeo me impidió disfrutarla en condiciones, por lo que mejor haremos en continuar con el siguiente filme. 5,6/10 

De seguido, en una proyección con presencia del equipo y mucho más abarrotada que la anterior, vimos a las 19:00 Cleo, película de Erik Schmitt. Cleo es una muchacha intrépida interesada desde siempre por la búsqueda de tesoros y la historia, pero a la que la tragedia siempre ha acechado en el ámbito familiar. El rumor de un legendario tesoro oculto en las profundidades de Berlín le unirá a un extraño y extravagante grupo de aventureros y dará una solución para sus problemas e inseguridades. Pero para lograr este objetivo deberá confrontar las heridas del ayer. Una jovial y exuberante aventura ideal para los más pequeñas. Un filme juguetón y heterogéneo en sus recursos y estructura audiovisual, que cumple una muy recuperable función didáctica. Una romántica deudora de Amelie y la herencia jeunetiana, que funciona más cuando abandona su simple y arquetípica trama y se entrega al delirio opiáceo. El desmedido exceso de ideas visuales le hace incurrir en varias decisiones plásticas de muy dudoso gusto. Y se entrega por completo en su tercer acto a una pastosa faceta sentimental mascada y formulaica. Película para los más pequeños que puede sacar una sonrisa durante hora y media, pero ofrece poco más que sonsacar. 5,1/10

Sábado 8 de junio

El sábado fue mi último día de asistencia al festival, y comenzó a las 19:00 mi segundo documental del certamen, y la película más enternecedora de todas ellas: La gran noche, dirigida por Nesrin y Yasemin Samdereli. Seguimos durante a algunos días a tres parejas veteranas que llevan unidas por el amor más puro. Tres relaciones que han superado obstáculos y dificultades y cuyo vínculo se ha fortalecido hasta tal punto de que ni el tiempo, ni la distancia ni las diferencias les podrían separar. Un sensible, cercano y entrañable documental sobre el amor a través del tiempo. Tres retratos sinceros de tres parejas de largas duraciones, que se aceptan tal y como son y se adaptan a los cambios del entorno y de ellos mismos. Tres relatos que reflejan la idiosincrasia y costumbres de sus respectivas culturas, así como por las luchas sociales por las que han tenido que pasar durante todo este tiempo (la pareja homosexual anciana no puede casarse hasta el final de sus días). Desde el aspecto audiovisual y la realización, es un documental un tanto pobre, con casi nada que ofrecer. Y pese a la congoja, es evidente que se alarga en demasía. Pese a ello, un largometraje entrañable y tierno, que sacude un poco el corazón. 6,6/10 

Y cerré mis cuatro días de cine teutón a las 21:30 con la película más impactante y violenta de la semana: el intenso thriller Sólo Dios puede juzgarme, de Özgur Yildirim. Ricky ha sufrido una condena de varios años de cárcel por un atraco que salió mal con su hermano Rafael. Una vez Ricky es libre de nuevo, su amigo Latif le engatusará con un último golpe seguro con el que retirarse para siempre siendo ricos. Pero tan pronto como una agente de policía y diversos factores inesperados entren en juego, el plan más seguro desencadenará en el caos más desgarrador. Un gancho al estómago, un crudo puñetazo de violencia y desastre, una película extremadamente visceral. Un thriller vivo, descarnado, con sabor a barrio y a guerras étnicas clandestinas en calles alemanas. Un dominó de infortunios, filmado con ruido y trueno, impacto y dolor. Violencia impresa en el ADN de los estamentos más precarios. Las desgracias se apilan en un guión desfasado que Yilgirim gestiona con cierta pericia. Sería de agradecer una mayor mesura de fatalidades, con menos momentos de impacto, un poco más de tiempo invertido en personajes tras una sabrosa introducción. En definitiva, un poco menos ruido. Filme de mucho decibelio y bronca, pero no demasiada miga. Pese a ello, encomiable. 6,6/10 

Una edición un tanto decepcionante en el balance general de experiencias fílmicas, pero grata por lo que supuso de consolidación de este medio en la cobertura de este festival. Una semana de inmersión en el audiovisual teutón que supone siempre un mosaico heterogéneo del saludable estado de forma del cine alemán. En lo que a grandes películas se refiere el festival está viviendo una de sus horas más bajas, pero las décadas de experiencia les avala, y estoy convencido de que se resarcirán más pronto que tarde. 

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