12ª Muestra Syfy: Eclecticismo y fuerza

En 2015, Eventos, Festivales y Muestras, Muestra Syfy por Néstor JuezDeja un comentario

Del 5 al 8 de marzo tuvo lugar un año más en Madrid la 12ª muestra Syfy de Cine Fantástico, en los Cines Callao por cuarta vez consecutiva. Y esta fue una de las muestras más eclécticas que se recuerdan, pues durante estos cuatro días el cinéfilo pudo disfrutar de una oferta multinacional y variopinta, con propuestas muy diferentes en género, ritmo, público objetivo o argumento. Cómo ya me sucedió en ediciones anteriores, percibí un cierto estancamiento temático en algunos esquemas narrativos de las propuestas de terror (creo que ya va siendo hora de pasar página de vampiros, zombies y demás calaña), pero es la primera muestra en la que percibí que el cine de género recobraba el vuelo, que presenta en estos momentos una vigorosidad envidiable.

JUEVES

El jueves se inauguró la muestra con uno de las mejores aperturas de los últimos años: Chappie, el último trabajo de Blomkamp. Esta película de acción y ciencia ficción presentaba una buena producción y ciertas ideas narrativas interesantes (relacionadas con conciencias, sentimientos robóticos y codificación de mentes en bits transferibles por USB), pero a pesar de su ritmo acaba resultando machacona, predecible, incapaz de separarse de muchas otras películas de temática similar e irregular, sobre todo en su desenlace, eterno. Algunos personajes rozan la vergüenza ajena (Weaver de cameo y Jackman repeinado soltando frases de telefilme). Con todo, es una película noble.

VIERNES

El viernes fue un buen día de cine, cómo suele ser la tónica. Empezamos con una interesante película neozelandesa que daba un cómico giro a las tramas de casa encantada; Housebound.

Este filme mezclaba con habilidad humor y terror, y la transformación de espíritu atormentado a adorable autista encerrado entre paredes resulta memorable, y su final de tensión narrativa in crescendo por el descubrimiento del nuevo asesino está logrado, pero la película se ve lastrada por momentos tediosos, risibles y, aunque los parodie, por los tópicos de género. La siguiente película supuso una experiencia sensorial sin precedentes: la barróca Tokyo Tribe del extravagante Sion Sono.

Esta es quizás el único ejemplo de ópera-hip-hop, un musical febril de narración delirante y deslumbrante realización visual y cuidado estético, que mezcla narración en rap con planos secuencias dignos de estudiarse en academias, narración por parte de un personaje ajeno, escenas de kung-fu y batallas multitudinarias con momentos grotescos-escatológicos. Lamentablemente dos horas es una duración excesiva para una propuesta argumentalmente tan liviana, y lo que durante 10 minutos nos fascina finalmente se convierte en un producto estirado, pero no deja de ser una de las mejores películas de esta muestra.

La siguiente, la simpática comedia Burying the ex de Joe Dante, fue una graciosa pero prescindible película que satiriza a través de una novia zombie lo nocivas que pueden ser las relaciones amorosas si estás se alargan en el tiempo y no hay sinceridad por delante.

A continuación se proyectó una de las cintas que más gratificó al patio de butacas; el falso documental neozelandés ¿Qué hacemos en las sombras?. Este documental parodiaba con acierto todos los clichés vampíricos y obtenía chistes de la cotidianización en nuestro mundo contemporáneo de las características intrínsecas de hombres lobos y vampiros, pero más que una película daba la sensación de ser un programa humorístico, un sketch de dos horas plagado de humor fácil. Disfrutable, pero de escaso calado.

Y por último el viernes se proyectó la nipona Hunger of the dead, un absoluto desastre hilarante de lo terriblemente deleznable que es, de modo que no te explicas como semejante residuo pudo llegar a España, y más aún a un cine. Cutre hasta la extenuación, con una producción y posproducción de sorna e interpretada irrisoriamente, es probablemente el peor producto fílmico que he visto en mi vida.

SÁBADO

Tras un pase matinal de la magistral Mi vecino Totoro, la muestra abrió el sábado con la mejor película: la delicia animada Song of the sea, con la que el irlandés Tomm Moore mejoraba ostensiblemente lo logrado en la notable El secreto de Kells.

Mágica, emotiva, lírica, bellísima en el trazo y banda sonora, Song of the sea transporta al espectador a un absorbente viaje por la mitología celta con unos personajes adorables. Una gozada.

La siguiente propuesta fue el título sórdido de esta edición: la austríaca Goodnight Mommy, espectacular en la fotografía y en la ambientación sonora pero insatisfactoria en el desarrollo argumental, pues tras un potente inicio se dirige a la inanición, la tortura gratuita y un giro final parcialmente previsible.

La película de las 20:00 fue el punto más bajo del sábado, la pobre y tediosa Spring, historia de amor entre un yanqui y una joven metamórfica de 2000 años dialogada con torpeza y fotografiada y realizada con incoherencia. A pesar de la convicción del retrato amoroso de la pareja, el descuidado aspecto visual de la cinta y la ambigüedad de ciertos aspectos argumentales terminan por hundir el filme.

Para mi regocijo inicial y el de algún otro scout de la sala, a las 22:00 se proyectó el slasher belga Cub (lobato si lo traducimos, que no es otra cosa que un scout de 10-12 años). Aunque bien editada y realizada, la propuesta no mantiene la potencia de su inicio y acaba derivando en otro ejemplo estándar de cine de asesinatos en bosques que da poca importancia al argumento y aún menos a sus personajes. Una película muy noble pero también típica y olvidable. Servidor no asistió a la proyección de Crazy bitches, y al parecer hice lo correcto.

DOMINGO

Para sorpresa de todos, el domingo, que finalmente fue el mejor día de los cuatro, comenzó muy fuerte, con la inesperada LFO, comedia negra sueca que se alzó entre los mejores títulos de esta edición. Narra la historia de un cínico científico viudo que descubre como hipnotizar mediante frecuencias sonoras, y lo pone en práctica con sus vecinos, haciéndoles realizar todo tipo de extravagancias. A pesar de su exagerado y megalómano final y de una parte intermedia algo reiterativa argumentalmente (hipnotizar a sus vecinos una y otra vez para distintos fines), LFO te tiene en vilo en todo momento mientras que te hace reír y te describe exhaustivamente al personaje principal, su pasado familiar y sus problemas con el mundo y consigo mismo. Envolvente y sobria película que hizo las delicias de la audiencia.

La siguiente película, Jamie Marks is dead, bajó el listón al inframundo. Centrada en la relación seudo-homosexual entre un adolescente tímido y un ex-compañero muerto, una suerte de clon de Harry Potter, la película tiene maneras de cine de verdad (fotografía, música y construcción de personajes) pero carece de su profundidad, ritmo y contenido. Los pormenores de esta relación se alargan durante un metraje lánguido plagado de escenas sobre-emocionadas, naïf o gratuitamente perturbadoras. Un buen intento de cine indie de género que se queda en agua de borrajas.

A continuación se proyectó la primera dosis de cine de autor del día, la excelente A girl walks home alone at night, un western iraní en b/n protagonizada por un joven endeudado por las tendencias drogadictas de su padre que se enamora de una sensual vampira con Hiyab. Ultraestética, fotografiada con magnificencia, aderezada de sublimes momentos musicales sustentados en una formidable elección de canciones, de ritmo pausado pero envolvente, de trama sencilla pero plagada de matices, turbadora y costumbrista y con personajes entrañables en un medioambiente sensacionalmente diseñado y puesto en escena, “A girl walks home alone at night” es una propuesta difícil pero seductora, hipster pero bella y memorable.

Y por última, la muestra fue clausurada con la segunda dosis de cine de autor, la interesante Under the skin, película transgresora e inquietante pero finalmente errada. El viaje iniciático de esta alienígena devorahombres (interpretada por una gélida Scarlett Johansson) en la Tierra empieza de manera embriagadora y su turbadora y espectacular banda sonora te mantiene sumido en un trance sensorial, pero su experimentalidad y argumento difuso y arrítmico hace que el interés decaiga enormemente, y algunas escenas mal insertadas o centradas exclusivamente en el desarrollo emocional de una asensual Scarlett (lo cual tiene más delito teniendo en cuenta que en varios momentos del metraje se desnuda) carecen de la fuerza de, por ejemplo, los momentos de absorción de hombres en el líquido negro. Recomendable y arriesgada, pero se queda a medio camino.
De todos modos fue una sublime clausura a la mejor muestra de los últimos cuatro años en lo que a calidad media de sus filmes se refiere. Fueron cuatro días de buen y variado cine dónde pudimos disfrutar de un puñado de buenas propuestas y confirmó la buena salud de esta muestra, de la cinefilia madrileña y del porvenir del cine de género. Espero la llegada de la 13ª muestra como agua de mayo.

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